- También publicada el 1 de
Marzo de 2004.
- DE LA CAMA AL MICROSCOPIO
¿ANTE UN NUEVO PARADIGMA DE
LA REPRODUCCION HUMANA?
Por: Victoria Mendizábal
(BIOMEDIA)
Fecha publicación:29/02/2004
El 19 y el 20 de febrero del 2004 se
realizaron en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona dos
conferencias impartidas por el doctor Carl Djerassi, profesor emérito de Química
de la Universidad de Stanford y creador del primer compuesto sintético que
daría lugar a la píldora anticonceptiva. En su trabajo como científico ha
dedicado un importante esfuerzo a la divulgación de la ciencia a través de
libros, obras de teatro y conferencias como las dictadas en la Facultad de
Ciencias Experimentales y de la Vida de la UPF: 'Sex in an Age of Mechanical
reproduction', y 'New directions for the Humanities: A Scientist's
Perspective', en la Facultat de Humanidades de esta misma Universidad. Las
conferencias fueron organizadas por la UPF y la Societat Catalana de Química.
'La próxima revolución será la
fertilización humana bajo el microscopio y no en la cama', sentenció el
eminente científico, y en este tono provocador transcurrió la charla con
que Carl Djerassi, de un modo muy original, puso en el tapete el tema de las
relaciones de poder entre hombres y mujeres, postulando el fin de la actual
era de la anticoncepción y la llegada de un nuevo orden reproductivo, donde
las mujeres dominarán su propia reproducción. Todo ello ocurrió en la
conferencia 'El sexo en la era de la reproducción mecánica', que el padre
de la píldora anticonceptiva dictó el pasado 19 de febrero en Barcelona,
invitado por la Universidad Pompeu Fabra. Casi un centenar de estudiantes de
Biología, periodistas y público interesado en el tema y en el mismo
Djerassi disfrutaron, risueños y algo escandalizados, de las palabras de un
hombre que, sin duda, ha aprovechado a fondo sus ochenta años de vida.
Del estiércol de cocodrilo
a la noretindrona
Si bien la necesidad de espaciar la
reproducción ya aparece reflejada en textos médicos de civilizaciones tan
antiguas como la griega o la egipcia, probablemente la anticoncepción no
fue considerada necesaria para la humanidad hasta bien entrado el siglo XX.
Desde tiempos bíblicos, la frase 'sé fructífero y procrea' ha sido
considerada una especie de mandato a lo largo de la historia.
Sin embargo, desde que en 1798 Thomas
Malthus escribe Un Ensayo sobre los Principios de Población, en el que
pronostica que el crecimiento geométrico de la población sobrepasaría la
expansión aritmética de los recursos, sus novedosos argumentos modificaron
radicalmente la visión demográfica hasta entonces contemplada y lograron,
además, que los temas reproductivos se tornasen materias de conversación
respetables.
Así, cuando en el último siglo la
tasa de mortalidad comienza a reducirse considerablemente gracias al avance
de la medicina, aumentan las presiones demográficas tanto para familias
como para ciudades, países y para el mundo en general. Es entonces cuando,
para muchos, la especulación maltusiana comienza a hacerse tangible.
Pero así como los avances médicos
son los principales responsables del aumento demográfico, también lo son
del control de la natalidad. Ya en el primer texto médico del que se tiene
noticia, El Papiro de Petri, del año 1850 a.C., figuraban recetas
anticonceptivas: mientras algunas aconsejaban el uso de excremento de
cocodrilo o de elefante, otras fórmulas menos excéntricas consistían en
miel y bicarbonato de sodio natural, pasando por agua y vinagre, agua y limón
o algunos aceites.
La primera descripción de un condón
se encontró en la obra del ilustre anatomista Gabriel Fallopio (1523-1562),
aunque también existe evidencia de que en las antiguas Grecia y Roma ya se
utilizaban membranas animales (vejiga e intestino) a manera de condones,
tanto para evitar el paso del semen a la cavidad uterina como para evitar la
propagación de enfermedades venéreas. En pocas palabras, desde la más
remota antigüedad, la humanidad se ha valido de todo tipo de estrategias
para evitar el embarazo. Desde métodos simples como la abstinencia periódica,
hasta elaboraciones de recetas espermicidas tan exóticas (como el citado
excremento de cocodrilo) o el uso de membranas animales a modo de látex.
Sin embargo, el cambio que supuso la
aparición de la píldora, según Djerassi, es que 'por primera vez en la
historia, un método proporcionaba a la mujer el control sobre su
fertilidad', ya que 'los medios tradicionales (preservativos, coitus
interruptus o el ciclo de la fertilidad, por ejemplo), dependen de una
pareja que se preste a ello'.
Carl Djerassi tenía 28 años cuando
realizó su sensacional descubrimiento en una poco conocida compañía
llamada Syntex, ubicada en la Ciudad de México. Allí logró sintetizar una
variante de la hormona progesterona que podía administrarse, en lugar de
por inyección, por vía oral: la noretindrona. Era el 15 de octubre de 1951
y la píldora anticonceptiva oral se convertía en algo viable, a pesar de
que aún tendrían que transcurrir nueve años antes de su comercialización.
Y la píldora ¿al museo?
Seguramente, el químico sintetizador
de la noretindrona ha contribuido más a la liberación femenina que todos
los fabricantes de electrodomésticos juntos: inventó la píldora
anticonceptiva que hoy consumen 100 millones de mujeres.
Paradójicamente, este acérrimo
defensor de la anticoncepción oral, que durante medio siglo luchó por
brindar a la mujer la posibilidad de no quedar embarazada, ahora pronostica
que la primera etapa del nuevo milenio será recordada como el período de
la concepción. 'Con el constante avance de las tecnologías de reproducción
asistida, estamos presenciando la separación gradual del sexo y la
fertilización, de manera que el sexo se dará sobre la cama y la
fertilización, bajo el microscopio'. El padre de la píldora está
convencido de que esta separación terminará desplazando el balance de
poder reproductivo hacia los dominios de la mujer.
Según recordó Djerassi, la primera técnica
de fertilización asistida, desarrollada en 1977 por Steptoe y Edwards en el
Reino Unido, produjo como resultado al primer 'bebé probeta'. Desde
aquellos días, cerca de 1 millón de niños han nacido en el mundo como
consecuencia de la exposición de un óvulo materno a millones de
espermatozoides en un tubo de ensayo.
Y más aún, 'sólo algo más de 10 años
después, en Bélgica, nacía un nuevo método para el tratamiento de la
oligospermia: la inyección intracitoplasmática de esperma (en inglés,
ICSI)', agregó el experto. Así es como, en 1992, un grupo de
investigadores lograban fertilizar un óvulo humano por inyección directa
de un espermatozoide con una pipeta y bajo el microscopio, y más de 10 000
niños 'ICSI' han nacido desde entonces.
Muy bien. Gracias a estas técnicas,
una pequeña parte de la población -y sólo de un sector privilegiado del
mundo- con problemas de esterilidad, pudo ver realizado su sueño del hijo
propio. Pero nuestro conferenciante todavía va un paso más allá cuando
plantea a la audiencia la siguiente pregunta: '¿por qué utilizaría este método
alguien normal?' Aprovechando sus dotes de autor de teatro, el polifacético
Djerassi se valió de la lectura dramatizada de un fragmento de su obra 'An
immaculate misconception' para responder a la pregunta.
Sus protagonistas, la Dra. Melanie
Laidlaw, una bióloga de la reproducción que en la obra es la inventora del
ICSI, y su colega clínico, el Dr. Felix Frankenthaler, debaten, a lo largo
del pasaje interpretado, las posibles aplicaciones del método:
FELIX: 'Antes de que puedas darte
cuenta, será más fácil encontrar la píldora en un museo del siglo XX que
en una farmacia. ¡Las mujeres solteras usarán el ICSI para transformarse
en las amazonas del siglo XXI!'
MELANIE: '¡Olvídate de las amazonas!
Piensa en las mujeres que no han encontrado la pareja adecuada…o han
estado saliendo con un piojoso… o en mujeres que justo quieren un hijo
cuando ya es muy tarde… en otras palabras… mujeres como yo.'
Sobre el impacto de los
descubrimientos científicos
Cada cierto tiempo, la comunidad científica
hace un descubrimiento que trasciende su propio campo para alcanzar una
dimensión social. Y uno de ellos fue el de Djerassi, quien produjo el
primer esteroide anticonceptivo oral, a la venta por primera vez en 1960.
Aunque, según contaría 30 años más tarde a la BBC, su objetivo inicial
era simplemente el de sintetizar una hormona, lo que produjo fue una bomba
social que para muchos representó un importante motor en la llamada
'revolución sexual' y en la liberación femenina.
De la misma manera, Dejrassi intentó,
en su conferencia, vislumbrar la magnitud del impacto de las nuevas técnicas
de fertilización asistida como el ICSI y, aunque este químico es uno de
los hombres que con mayor propiedad puede hablar sobre la reproducción y la
anticoncepción humana, las extrapolaciones sobre estas nuevas técnicas,
sin ninguna duda, dependerán del lado del mundo desde el que lo miremos.
Para Djerassi, el futuro se presenta
basado en una revolución de la reproducción que se liberará totalmente
del sexo. Y su argumento se basa en el creciente acceso a las técnicas de
fertilización asistida como el ISCI en las sociedades pertenecientes al
mundo geriátrico -como llama Djerassi al primer mundo- tales como Europa y
Japón, donde el 20% de la población supera los 60 años.
Pero aún en estos países, el costo
de estas tecnologías reproductivas es tal que sólo los más ricos pueden
pagarlas. Por otro lado, según expresa Djerassi, tres cuartas partes de la
población mundial pertenecen a lo que él denomina mundo pediátrico (África,
Asia y Latinoamérica) y, por tanto, dado que en estos países más del 40%
de sus habitantes tiene menos de 15 años de edad, será la anticoncepción
y no la concepción la estrategia buscada.
Por ello, frente a la utopía de
Djerassi, contada de la forma más extraordinaria y cautivadora, la realidad
nos indica que sólo un mínimo porcentaje de este mundo pediátrico usa la
píldora, y muchos millones seguirán probablemente con el agua y el limón.
Cabe preguntarse, entonces, ¿para qué
clase de mujeres la predicción de Djerassi es un escenario posible?
Probablemente, solteras, profesionales y del primer mundo. Ello nos indica
que es posible que estemos ante un nuevo paradigma de reproducción, pero,
¿para qué humanidad?
Datos del autor: Victoria Mendizábal es doctora en Farmacología por
la Universidad de Buenos Aires, máster en Comunicación Científica por la
UPF y colaboradora del Observatorio de la Comunicación Científica. (BIOMEDIA:
http://www.biomeds.net/biomedia)
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