- lunes 8 de Marzo de 2004.
MITOS Y CREENCIAS:
MUJERES
La difunta
Correa
Cuenta la tradición
de San Juan que, antes de 1840, era gobernador D. Plácido Fernández
Maradona, amigo de Pedro Correa, viejo guerrero de la independencia; hombre
leal, valiente, sin tacha, respetuoso y respetado por todos.
Luego de la muerte de Maradona, los azares de la política hicieron de
Correa un perseguido por la policía, pese a las inmunidades que como
guerrero de chacabuco se le habían otorgado.
Estos hechos hicieron que varios de sus perseguidores fijaran interesados
sus miradas en Diolinda, hija de Correa, de excepcional belleza, quien
resistió el asedio y se casó con el elegido de su corazón, Baudillo
Bustos.
Pronto las montoneras de Quiroga engancharon en sus milicias a su padre y a
su esposo, luego de lo cual volvió a ser asediada, para evitar lo cual una
madrugada emprendió, con su hijo de meses, la marcha hacia La Rioja.
En el largo camino, sedienta y extenuada, se dejó caer en la cima de un
pequeño cerro. Sintiéndose morir pidió al cielo que diera vitalidad a sus
pechos para que su hijo no muriese como élla, de hambre y de sed.
Por éllo, cuando unos arrieros se acercaron al cerro sobre el que
revoloteaban los caranchos, hallaron al bebé aún con vida, bebiendo de los
pechos de su madre muerta. Lo recogieron y a élla le dieron sepultura en
las proximidades del Vallecito, en la cuesta de la sierra Pie de Palo,
profundamente impresionados por la tragedia.
Poco tardó en conocerse la historia y hasta su humilde tumba comenzaron a
acudir hombres y mujeres de todas partes, dando origen así a la devoción a
la Difunta Correa. Su santuario se halla ubicado en el cementerio de
Vallecitos, Departamento de Caucete, a unos 30 km de la cabecera
departamental.
Félix Coluccio:
Culto y Canonizaciones Populares de Argentina, Ed. Del Sol, 201 pág. 2da.
edición, 1994.
