Publicada el viernes 13 de Febrero de 2004.
 
Creencias y Supersticiones
El Cerro Tronador
 
Linco-Nahuel era un cacique valeroso que tenía sus dominios en los que nadie podía entrar sin su consentimiento; desde el Tronador hasta todas las regiones vecinas del Nahuel Huapi.
Cierto día llegó al pie del cerro una tribu de indios enanos dispuestos a acampar, lo que dio origen a una terrible lucha. Los invasores tomaron prisionero a Linco-Nahuel y a gran número de sus adictos. Los vencedores los llevaron hasta la cumbre del Tronador y desde allí, atados de pies y manos, comenzaron a arrojarlos uno por uno, al abismo.
Pronto se estremeció y rugió la montaña y un verdadero alud llevó a la muerte a todos los que en élla se encontraban. Sólo quedaron los dos caciques, allá, sobre la cumbre, para escuchar eternamente el tronar de sus entrañas como hasta hoy.
La Mandioca
Cierto día una joven india apareció embarazada ante su padre, el cacique de la tribu. Éste quiso hallar al responsable preguntando a la joven, quien se negó a responder. Poco tiempo después nació una niña, a quien pusieron por nombre Mani, quien a los pocos meses razonaba como una persona mayor.
Sin que nada lo hiciera prever, falleció al año. La enterraron en casa de su madre y su sepultura era regada todos los días. Hasta que un día nació de la misma una planta de cuyo fruto comieron los pájaros, embriagándose. Luego, al hendirse la tierra, se observó que el tubérculo representaba el cuerpo de Mani. Lo comieron y además obtuvieron una bebida fermentada que fue su vino.
En el noroeste es creencia que, para evitar que dicha planta sufra los perjuicios de la helada, debe arrancarse una rama en Viernes Santo y enterrarla en un lugar del campo.
El Zupay o Supay
El Zupay o Supay está conformado por dos tradiciones que se unen: una de éllas arranca del Incario, donde fue reconocido como principio o genio del mal que reinaba en el Supaihuasín, inframundo situado en el centro ígneo de la Tierra. Era la encarnación de los misterios selváticos y causante de los maleficios, pestes, inundaciones, sequías y todo cuanto hiere la imaginación y horroriza.
La otra vertiente fue la leyenda de origen oriental, que en la Edad Media el catolicismo convirtió en verdad militante y centro de innumerables especulaciones teológicas y los heresiarcas en puntal de complejas ceremonias y esotéricos cultos: el Diablo, Demonio, Lucifer, Luzbel o el Maligno, llamado en Argentina Malo o Malu.
Señor de las Tinieblas que corporiza el mito de la tentación, que a su vez causa la caída. Multiforme en su personificación, quizás por su mismo origen mestizo. En nuestro territorio parece preferir la forma humana y especialmente la de un gaucho rico y apuesto que viste ropa fina y negra, con chiripá del mismo color, lleva puñal, espuelas y rebenque de plata y oro y monta un caballo retinto de largas crines y muy enjaezado. Otras veces viste cueros de oveja, sombrero aludo y una especie de túnica granadina, como el Zupay de Copacabana, Santiago del Estero. Se ha presentado también como un virtuoso payador que desafía a lo más afamados practicantes del género (aunque en más de una ocasión salió derrotado de la contienda), como un viejo filósofo de campo o un negro rotoso y hercúleo.
Suele presentarse asimismo con la forma de un animal conocido o más comúnmente como un híbrido de macho cabrío y hombre, con cuerno de chivatón, rostro de sátiro de larga pera y bigotes requemados, cuerpo muy velludo y piernas de chivo con impresionantes pezuñas y con una capa negra. Con frecuencia se presenta también como un remolino y hasta como un árbol.
Sus apariciones vienen precedidas por un ruido como de tiro o trueno y se dan en medio de una llamarada que impregna el aire con un penetrante olor a azufre. Desaparece también entre una nube hedionda y amarillenta, tras cerrar el trato con el hombre dispuesto a darle su alma a cambio de riquezas, amores o habilidades.
Prefiere las noches de los martes y los viernes, que es cuando las almas y otros seres infernales salen a cometer fechorías.
Su templo es la Salamanca, gran cueva en la entraña de los cerros o subterránea en la que se dan cita las brujas y acuden otros iniciados en la práctica del maleficio. Es que funciona allí la universidad de las Tinieblas, donde se enseña toda suerte de maña, destreza o habilidad y, sobre todo, el arte de dañar al prójimo y arrastrar su alma a la perdición.
Los animales del Zupay son los escuerzos, las víboras, los perros negros, los cerdos, los machos cabríos y las mulas. Sus cortesanas, las brujas, tanto viejas como jóvenes.
Bibliografía: Adolfo Colombres: Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina, con dibujos de Ricardo Deambrosi. Edic. Del Sol, Bs. As., 1999.
 
Fuente: http://www.elfolkloreargentino.com/creenciasysupersticiones.htm#