Antes de intentar utilizar las estrangulaciones en combate, es sumamente importante tener una clara comprensión de la naturaleza de estas técnicas.
El objetivo de toda estrangulación es interrumpir el suministro de oxígeno.
Una técnica de estrangulación correctamente aplicada no fuerza al adversario a rendirse por el malestar que le puede estar haciendo padecer. Una estrangulación aplicada con un alto grado de sofisticación técnica no causa daños estructurales permanentes en los nervios o en los tejidos. Tales elementos, dolorosos y potencialmente dañinos, no sirven para lograr el objetivo que se persigue: la sumisión controlada del adversario.
Una estrangulación efectiva reduce el suministro de oxígeno al interrumpir el aporte de sangre al cerebro.
Las
verdaderas estrangulaciones efectivas son de naturaleza vascular. Lo que intenta
el luchador es detener el flujo de sangre oxigenada que va al cerebro,
ejerciendo presión sobre las arterias que discurren por el cuello.
El
tratar de bloquear la tráquea (para detener la entrada de aire en los pulmones)
es una forma extremadamente laboriosa y poco práctica de forzar la sumisión
del adversario. Si al efectuar una estrangulación lo único que perseguimos es
cerrar el suministro de oxígeno a los pulmones, nos podemos encontrar con que
nuestro adversario sea capaz de resistir con fuerza hasta dos minutos o incluso
más.
Existe
otra razón aún más importante para rechazar esta forma de estrangular. No se
trata tan sólo de que el bloqueo de la entrada de aire a los pulmones sea menos
efectivo, sino que además es más peligroso para el oponente. Es riesgo de
producir involuntariamente un colapso estructural en la traquea (que puede
resultar en una asfixia permanente y, por consiguiente, la MUERTE de la persona
si no se toman medidas inmediatas) es mucho mayor y más peligroso que cualquier
efecto temporal que pueda derivarse de una estrangulación vascular, de echo más
eficaz y no perjudicial para la salud.
Aquellos que han sufrido una estrangulación durante el transcurso de un combate han manifestado que es una experiencia simplemente desorientadora.
La experiencia de sufrir una estrangulación ha sido descrita a menudo por veteranos competidores de Jiu Jitsu y de Judo como algo desorientador, pero no doloroso. De hecho, muchos la han comparado a la agradable sensación de ensoñación, del soñar despierto, en el que uno pierde el sentido de tiempo y del entorno. Otros, al recobrar el conocimiento, hablan de tener la sensación de haber disfrutado de un descanso profundo y prolongado, como en los estados que se obtienen a través de las técnicas de relajación, meditación o auto-hipnosis.
La capacidad de poder resistir a una estrangulación no depende ni de la resistencia, ni del peso, ni del desarrollo muscular, ni de la capacidad pulmonar.
Es a menudo el concepto más difícil de asimilar o de creer para el artista marcial con escasa cultura. Cuando el observador poco familiarizado con este tipo de técnicas, ve cómo un luchador se afana por “asegurar” una estrangulación de la manera más correcta sobre su rival durante el transcurso de un combate, con frecuencia confunde la intención del luchador con la capacidad de su adversario para resistir ante el efecto devastador de esta técnica.
Mientras
que el adversario puede estar de hecho haciendo un considerable esfuerzo y
aguantar durante algunos minutos en su lucha para evitar el ataque, una vez
aplicada la estrangulación, no existe atributo natural o habilidad adquirida
que puedan protegerle de ella.
Los
debilitantes efectos que produce una estrangulación ejecutada de forma adecuada
son el resultado de la aplicación de ciertos mecanismos a una respuesta
totalmente automática. Ni un duro entrenamiento, ni una enorme fortaleza física,
ni la capacidad de aguante por grande que sea, puede alterar la respuesta
involuntaria del organismo. En ausencia de sangre oxigenada en el cerebro no hay
forma de aumentar la resistencia.
Por término medio, una estrangulación bien aplicada hace que la persona pierda la conciencia en un tiempo máximo de 10 segundos.
Como información anecdótica diremos que también existe un número de pequeños estudios que coinciden en que no se necesitan más de 10 segundos para dejar inconsciente a una persona. De hecho, son muchos los practicantes de Jiu Jitsu y de Judo que hablan de casos en los que un competidor fue puesto fuera de combate en menos tiempo. Luchadores veteranos comentan con frecuencia que se puede obtener un resultado efectivo en un tiempo que oscila entre los tres y los seis segundos.
Si el adversario ha perdido el conocimiento, generalmente suele recobrarlo sin necesidad de asistencia en un tiempo de 30 segundos o menos, desde que se suelta la estrangulación.
El
cuerpo humano es un mecanismo extraordinariamente preciso. Una vez que
desaparecen las causas inhibitorias de una estrangulación vascular, se
restablece de manera inmediata el flujo de sangre oxigenada que discurre el
cerebro, y las respuestas automáticas del organismo vuelven a producirse de
manera natural sin que queden efectos nocivos permanentes.
Algunos
practicantes avanzados de Judo y de Jiu Jitsu han llegado incluso a desarrollar
todo un sistema de técnicas de resucitación (denominado Kappo en el Judo
tradicional japonés) para asistir a la víctima. Pero si bien es verdad que
estos métodos pueden aportar muchos beneficios terapéuticos a la persona que
acaba de sufrir una estrangulación, en realidad son completamente innecesarios.
Si se le deja a su propio albedrío, el cuerpo está perfectamente capacitado
para restablecer el equilibrio en cuestión de unos momentos.
Este
maravilloso aspecto de precisión, esta habilidad para incapacitar por completo
a cualquier adversario – sin causar lesión o deterioro permanente- es lo que
hace de las técnicas de estrangulación sean tan interesantes como estrategia
defensiva.
Desde 1882 (fecha de fundación del Judo) el número de muertes por estrangulación en los campeonatos de Jiu Jitsu y de Judo es de cero.