logo testimonios 
En el fondo (y en el umbral) lo más importante es definir qué queremos poner en el lugar de lo que ya no funciona... 
 
Thomas Merton
Señales en el viento
Poesía
Consultas
Ecodocumentos
Testimonios
 
 
separador1
 

¿Sos parte de la SOLUCION  o del PROBLEMA?

Además de leer textos, ¿qué estás haciendo para salir del pozo?

foto1

Los pobres se van al carajo


Por George Monbiot (desde Gran Bretaña)


Los cristianos robaron el solsticio de invierno a los paganos, y el capitalismo se lo robó a los cristianos. Pero un rasgo característico de las celebraciones ha permanecido inalterado: la consumición de grandes cantidades de carne. La práctica solía tener sentido. El ganado sacrificado en otoño, antes de que se acabara la hierba de los pastos, empezaría a estropearse, y las gentes con pocas reservas de grasas tendrían que sobrevivir a otros tres fríos y hambrientos meses. Actualmente nos enfrentamos al problema opuesto: pasamos los siguientes tres meses intentando quitarnos lo comido.
Nuestros excesos estacionales serían perfectamente sostenibles si no hiciéramos la misma cosa todas las semanas del año. Pero a causa del desproporcionado poder adquisitivo del mundo rico, muchos de nosotros podemos darnos un festín cada día y todavía considerarlo como uno de nuestros gastos menores . Y esto también sería estupendo si no viviéramos en un mundo finito.
Comparados con la mayoría de los animales que comemos, los pavos son convertidores de energía relativamente eficientes: producen aproximadamente el triple de carne por libra de grano que el ávido ganado vacuno. Pero aún hay muchas razones para no sentirse cómodos comiéndolo. La mayoría son criados en la oscuridad, tan estrechamente instalados que apenas se pueden mover. Les cortan el pico con un cuchillo al rojo para impedir que se hagan daño unos a otros. A medida que se aproximan las navidades, engordan tanto que sus caderas se doblan. Si le echas un vistazo a una granja de pavos, empiezas a albergar grandes dudas sobre la civilización europea.
Esta es una de las razones por las que mucha gente ha vuelto a comer carne roja en Navidad. El vacuno parece ser un animal más feliz que el pavo. Pero la mejora en bienestar animal queda anulada por la pérdida de bienestar humano. Actualmente, el mundo produce suficiente alimento para su población y su ganado, si bien (principalmente por ser tan pobres) unos 800 millones de personas se encuentran permanentemente subalimentadas. Pero a medida que aumenta la población, el hambre global estructural sólo se evitará si los ricos empiezan a comer menos carne. El número de animales de granja en el mundo ha aumentado cinco veces desde 1950: actualmente sobrepasa a los humanos en una proporción de tres a uno. El ganado ya consume la mitad del grano mundial, y su número sigue creciendo casi exponencialmente. Es por esto por lo que la biotecnología - cuyos promotores alegan que alimentará al mundo - ha sido empleada principalmente en producir no alimentos, sino en alimentar : permite a los granjeros pasar del grano que mantiene viva a la gente a cosechas más lucrativas para el ganado. En un período tan pequeño como diez años, el mundo se enfrentará a una elección muy simple: la agricultura continuará alimentando los animales del mundo o continuará alimentando a su población. No puede hacer ambas cosas.
La inminente crisis va a verse acelerada por el agotamiento tanto de los fertilizantes fosfatados como del agua usada para hacer crecer las cosechas . Cada kilogramo de vacuno que consumimos, según investigaciones de los ingenieros agrónomos David Pimentel y Robert Goodland, necesita alrededor de 100.000 litros de agua. Los acuíferos están empezando a secarse en todo el mundo, principalmente a causa de la extracción por los granjeros.
Muchos de los que han empezado a entender la finitud de la producción global de grano han respondido volviéndose vegetarianos. Pero los vegetarianos que siguen consumiendo leche y huevos apenas reducen su impacto sobre el ecosistema. La eficiencia de conversión de la producción de lácteos y huevos suele ser mejor que la crianza de ganado, pero incluso aunque todos los que ahora comen ternera comieran queso en su lugar, ello solo aplazaría la hambruna global. Como tanto el ganado dedicado a la producción láctea como el avícola es a menudo alimentado con harina de pescado (lo que significa que nadie puede alegar que come queso y no pescado), podría, en cierto sentido, incluso acelerarla. El cambio vendría acompañado también por un masivo deterioro en el bienestar animal: con la posible excepción de los pollos para asar y los cerdos, criados de forma intensiva, los pollos criados en batería y las vacas lecheras son los animales de granja que parecen sufrir más. Si los lacto-vegetarianos quieren detener el comercio de terneros lechales, deberían beber menos leche.
Podríamos comer faisanes, muchos de los cuales son enterrados tras recibir los disparos, y cuyos precios, debido al exceso de oferta en esta temporada del año, caen hasta 2 libras por ave, sólo que la mayoría de la gente se sentiría incómoda subvencionando a una pandilla de salvajes remojados en brandy. Comer faisán - que también es alimentado con grano - sólo es sostenible en la medida en que la demanda se ajuste a la oferta. Podemos comer pescado, pero sólo si estamos preparados a colaborar al colapso de los ecosistemas marinos y - mientras la flota europea saquea los mares de África Occidental - la muerte por inanición de algunos de los pueblos más hambrientos de la tierra. Es imposible evitar la conclusión de que la única opción sostenible y socialmente justa para los habitantes del mundo rico es convertirse, como la mayoría de los habitantes de la tierra, en básicamente vegetarianos, comiendo carne sólo en ocasiones especiales como Navidades.
Como comedor de carne, durante mucho tiempo consideré conveniente clasificar al vegetarianismo como una respuesta al sufrimiento animal o como una moda en materia de salud. Pero, viendo estas cifras, ahora parece evidente que es la única respuesta ética a lo que claramente es la cuestión de justicia social más urgente del mundo. Nosotros nos atiborramos y los pobres se van al carajo.

#############################


Modelos para el Nuevo Milenio


Helena Norberg-Hodge


Helena Norberg-Hodge es directora de la Sociedad Internacional de Ecología y Cultura y codirectora del Foro Internacional sobre Globalización

Los estilos de vida sostenibles en el Norte proporcionan ejemplos convincentes para el Sur

Está ampliamente aceptado que para el año 2015, el 90% de la población mundial vivirá en ciudades. Si esta tendencia se mantiene inamovible, el proceso de urbanización en el que está inmerso el Sur se convertirá en el mayor desastre medioambiental y social de este siglo. A pesar de este hecho, el desplazamiento de la población mundial hacia las ciudades no sólo se asume como inevitable, incluso evolutivo para algunos, sino que es promovido activamente, y en ocasiones subvencionado, por tratados impulsados por la globalización económica, como el GATT, NAFTA y Maastricht. Basada en un estrecho y anticuado paradigma económico, que asume el libre comercio como universalmente beneficioso, la economía global ejerce una presión estructural y psicológica sobre el Sur, que promueve el desplazamiento desde el campo hasta macrociudades altamente centralizadas y con un uso intensivo de recursos.

Se ha llegado a decir que el vivir en ciudades suponer utilizar menos recursos, la posibilidad de ganar más dinero y de alcanzar una mejor calidad de vida. Esto es sencillamente falso. Actualmente, la mayoría de la población mundial, principalmente en el Sur, permanece todavía en el campo, pero con gran rapidez está siendo expulsada desde las economías en las cuales todavía tienen acceso a recursos locales, hacia zonas urbanas sin apenas conexión con el entorno natural, en las que aumenta la dependencia de las importaciones y en las que el tejido social se resquebraja.

El movimiento de ecoaldeas proporciona soluciones prácticas y realistas a estos problemas. Creando estilos de vida realmente sostenibles en el Norte, se dan ejemplos convincentes para el Sur. Los os que proporciona este movimiento son diversos, y van más allá de una simple reducción en el uso de recursos naturales: presenta una visión de desarrollo totalmente novedosa, con un planteamiento diferente de la actividad económica, del uso de la energía, de las estructuras y de los valores sociales. Plantea, de hecho, un modo de vida completamente distinto. El movimiento está extendido por todo el planeta y necesita tan sólo de una ayuda financiera relativamente modesta para convertirse en un instrumento efectivo para invertir la crisis causada por los miles de millones de personas que, en el Sur, están siendo forzadas a imitar una cultura consumista no sostenible. Para comprender mejor el significado de las ecoaldeas, las posibilidades que ofrecen, es preciso examinar primero cuáles son las actuales tendencias económicas y el decidido impulso, que ha tomado en relación con dichas tendencias, el proceso de urbanización.

Degradación del entorno en el Sur

Las macrociudades, que florecen actualmente en todas partes, son cualitativamente distintas de lo que conocemos del pasado como ciudades. Están siendo creadas a un ritmo vertiginoso, y con un uso muy intensivo de los recursos. Requieren de vastos sistemas centralizados que son, sin excepción, mucho más dañinos para el medioambiente que las antiguas ciudades o comunidades rurales. Alimentos y agua, materiales de construcción y energía han de ser transportados a grandes distancias, haciendo uso de infraestructuras de gran consumo energético; sus residuos han de ser de nuevo desplazados lejos, en camiones y en grandes barcos, o incinerados, con gran coste para el medioambiente. En sus idénticas torres de cristal y acero, con ventanas que nunca se abren, incluso el aire que respiran ha de ser suministrado por medio de ventiladores, tuberías y energías no renovables. Desde las zonas más acaudaladas de París hasta los suburbios de Calcuta, la población urbana depende del transporte, de la refrigeración y del empaquetado de los alimentos que consumen. Cada libra de alimento consumido es inseparable de un alto consumo de petróleo. En la actualidad, el 50% de todas las emisiones de CO2 proceden del transporte. Si no se tiene en cuenta este hecho, cualquier tentativa encaminada a evitar el cambio climático carece de sentido.
Se piensa a menudo que el proceso de urbanización es necesario debido al gran número de personas que pueblan la Tierra actualmente. Se asume implícitamente que la centralización es, de algún modo, más eficiente, que la población urbana usa menos recursos. Cuando profundizamos en los costes reales de la urbanización en la economía rural, podemos observar cuán lejos de la verdad nos hallamos. Precisamente porque hay demasiadas personas, un o económico como el actual, globalizado, pero que sólo puede alimentar, dar vivienda y ropa a una pequeña minoría de personas, debe ser abandonado. Se hace cada vez más necesario apoyar sistemas de conocimiento y os económicos que estén basados en una comprensión íntima de cada región particular, de su clima y de sus tierras, de su suelo y de sus recursos propios.

La idea de que es posible para el Sur imitar el o occidental de urbanización no es en ningún modo realista. La industrialización del Norte fue lograda abusando, no sólo de sus propios recursos, sino también de muchos de los del Sur. Todavía hoy, una gran parte de los recursos del "tercer mundo" están destinados a mantener la maquinaria de crecimiento del Norte. El Sur no tiene colonias, ni explotación laboral, ni fuentes de materias primas baratas que permitan acceder al nivel de super consumo que el Norte ha establecido como normal para las naciones desarrolladas. Al perseguir una meta inalcanzable, los países del Sur están dirigiendo sus economías hacia un mayor endeudamiento, explotando los recursos a un nivel insostenible, empobreciendo a sus ciudadanos y abandonando su herencia cultural.
A pesar de la absoluta imposibilidad de que el Sur pueda alcanzar un estilo de vida de alto consumo, se piensa a menudo que dejar al Sur fuera del proceso de urbanización es como si se le dejara en una situación de atraso. Cuando, en realidad, es el estilo de vida del Norte el que es insostenible, el que roba al Sur y por tanto el que "mantiene a la gente atrasada". En lugar de que el Sur imite nuestras prácticas, hemos de ser nosotros los que hemos de aprender del Sur.

Desastre social

Las devastadoras consecuencias del proceso de urbanización no son sólo medioambientales, sino también sociales. La urbanización crea una escasez artificial de puestos de trabajo: de cada 1000 personas que se trasladan a la ciudad en busca de trabajo, normalmente sólo 100 tienen éxito. La competencia cada vez mayor tensa las relaciones sociales, al aumentar la distancia entre los pobres y los ricos. Los suburbios y barrios de chabolas proliferan y la autoestima de la gente cae en picado. En lugar de dirigir sus quejas contra la perversión del sistema económico, se echan la culpa unos a otros. El fundamentalismo, la xenofobia y el o aumentan en todo el mundo como consecuencia directa de estas políticas económicas urbanicistas.

La economía global mina las relaciones y las comunidades también de otras maneras. La economía competitiva obliga a la gente que tiene trabajo a trabajar más horas, reduciendo así el tiempo normalmente dedicado a las relaciones sociales. Además, instituciones y estructuras centralizadas, organizadas a gran escala, reemplazan las formas naturales de relación humana, acabando completamente con ellas. Ya no puede la gente contar de manera espontánea con los demás para apoyarse mutuamente en lo cotidiano. La falta de relación conduce a un menor entendimiento social, con el consiguiente aumento de las tensiones y de una mayor corrupción.

Modelos para el nuevo milenio

A la vista de estas consideraciones, parece claro que el movimiento de ecoaldeas podría jugar un papel esencial para prevenir el desastre ecológico y social. Como alternativa al proceso de urbanización y a la economía globalizada, presenta os que permiten llevar una vida más próxima a la tierra y en una comunidad abierta. En realidad, es el deseo de un creciente número de personas de vivir de una manera social y espiritualmente reconfortante, al mismo tiempo que económicamente sostenible, lo que nos ha de proporcionar los os que necesitamos para el próximo milenio.

No carece de importancia que el movimiento de ecoaldeas haya Surgido en el Norte. Primero, porque es en el Norte donde el consumo es 10 veces mayor que en el Sur. Es el estilo de vida del Norte el que es insostenible, no el del Sur. Y en segundo lugar, porque el hecho de que una forma de vida comunitaria, rural y sostenible represente lo más progresista y avanzado del conjunto de ideas que se dan en el Norte, revela también nuestro deseo de elegir una forma de vida diferente. Sin una acción de este tipo por nuestra parte, nosotros no estaríamos capacitados para dar consejos al Sur. No podemos decir al Sur que no se mueva hacia las ciudades, si nosotros no estamos dispuestos a volver al campo y reestructurar significativamente las ciudades existentes.

Además, en este momento los mensajes y las imágenes más poderosas que se reciben en el Sur, son las de los medios de comunicación y de la publicidad. Todos ellos muestran un medio de vida urbano como único o moderno de civilización y progreso. Esta presión psicológica, que hace que la gente se siente atrasada, casi como reliquias prehistóricas, juega un papel muy importante en la promoción de una cultura urbana y consumista. En una continua lucha contra la severidad económica y contra otros muchos factores, la gente se esfuerza en ser más urbana, en vestir ropas occidentales y conducir coches rápidos. Todos los jóvenes del mundo quieren comprar mercancías importadas, con os estereotipados, representando a menudo tipos rubios y con ojos azules, como los que se promocionan en los medios de comunicación y publicitarios. En todas partes aumentan los signos de rechazo de la identidad propia, que se manifiesta en cosas como querer cambiar el color del pelo o de la piel. En China, las mujeres se operan incluso los ojos para parecer más occidentales.

El movimiento de ecoaldeas puede ayudar a la gente a mantener su autoestima sin abandonar sus formas de vida comunitaria y local, ni sus patrones económicos. De hecho, cuando conocen los aspectos positivos de sus propios os, y no sólo las imágenes distorsionadas que muestran la vida rural como un atraso y la vida urbana como lo más atractivo, muchos habitantes del Sur prefieren mantener sus comunidades tradicionales.

Campaña de información

Por ello, una amplia campaña publicitaria para promover las ecoaldeas es absolutamente necesaria. Puesto que el Sur es ardeado incesantemente con mensajes urbanicistas, necesitamos un programa educativo para corregir estas imágenes parciales e incorrectas. El primer objetivo en esta línea, sería proporcionar a la gente los medios necesarios, que les permitieran elegir informadamente sobre su futuro. Sin desdeñar ninguna forma de comunicación, desde la televisión por satélite hasta los cuentacuentos, hemos de hacer ver al mayor público posible que las tendencias actuales del capital, y del uso intensivo de la energía, son sencillamente insostenibles. Los pasos necesarios para detener la carrera desenfrenada hacia un desarrollo insostenible están al alcance de todo el mundo ya mismo.
Debemos sacar a la luz las subvenciones ocultas al transporte, a las comunicaciones, a las infraestructuras energéticas propias al proceso de globalización y de producción a gran escala. Si una pequeña parte de los fondos que se utilizan para ampliar las infraestructuras globales necesarias para este proceso de megalopolización, fuera usada para apoyar las comunidades rurales existentes en el Norte y en el Sur, se podría llevar a cabo una verdadera actividad económica apoyada en cimientos sostenibles. Un programa que proporcione recursos energéticos renovables y que amplíe y diversifique la producción local de alimentos y manufacturas para necesidades básicas, costaría muchísimo menos que los esquemas tradicionales de desarrollo.

Estrategias para las macrociudades existentes

Si bien es cierto de que el movimiento de ecoaldeas se centra sobre todo en la vida rural, resulta obvio que no podemos ignorar las macrociudades existentes. Llevar a cabo políticas que permitieran a la población de las grandes ciudades tener un mayor contacto práctico con el entorno, constituiría un paso enorme hacia la sostenibilidad. Deberían darse incentivos para que la gente cultive sus propios alimentos, para que compre en los mercados de los agricultores o establezca contactos con agricultores de la zona a través de Comunidades de Apoyo a la Agricultura, para que recicle las baSuras o para que fabrique compost. Todo esto contribuiría a acortar la distancia que existe actualmente entre el productor y el consumidor. La reducción en el transporte de larga distancia favorecería los ciclos locales de producción, consumo y reciclado, lo que ayudaría a reducir la contaminación y el desempleo. El automóvil perdería su excesivo protagonismo actual. Acercando las necesidades al hogar sería posible seccionar partes enteras de las ciudades a los automóviles. En Amsterdam, este proceso ha se ha puesto en marcha, sin dejar por ello de crear carriles para bicicletas. Deberían apoyarse también los movimientos para crear cinturones verdes, como por ejemplo el de la ciudad de México.

De igual importancia que estas consideraciones medioambientales, son los factores sociales. Deberían ponerse en marcha nuevas estructuras de vecindad, de autoorganización y de autogobierno, o rehabilitar las existentes para favorecer en la práctica las posibilidades de relaciones personales. El establecimiento de estructuras y de relaciones de interdependencia, en las que los contactos entre las personas son frecuentes, mitigaría las tensiones existentes en la gente, satisfaciendo a la vez parte de las necesidades humanas de relación y comunidad.

Elección entre futuros

Estamos forzados a hacer una elección consciente y activa entre dos futuros muy distintos. Por una parte, podemos continuar siendo permisivos con el sistema económico actual, prácticamente fuera de control, en el proceso de explosión urbanizadora, con la consiguiente degradación ambiental y la proliferación de suburbios y barrios de chabolas. Ahora bien, no parece que nadie prefiera estos montones de inmundicia humana, ruidosos y apestosos, sin apenas sistemas de depuración de aguas residuales, en los que el agua es escasa, las moscas abundan y el aire se hace denso con el humo de los tubos de escape, antes que una forma de vida social y económicamente sostenible. Podemos entonces, alternativamente, apoyar masivamente el movimiento en favor de las ecoaldeas, lo que nos permitiría reestablecer el contacto perdido con las gentes y con nuestros lugares, reenlazándonos como hebras interependientes de la trama de la vida.

######################

Agosto 2002

¿Al ritmo de quién debemos bailar?


Aziz Choudry


"Uno no puede dejar de preguntarse hasta qué punto el orden del día de las criticas al nuevo orden económico es establecido precisamente por aquellos que fijan los términos de ese nuevo orden económico", escribió la activista india por los derechos de los trabajadores Radha D'Souza en 1995 (Parallel People's APEC: Two Meetings, Two Views).

Con todas las reflexiones que han ido surgiendo en muchas de las distintas fuerzas que forman el "movimiento anti-globalización" desde el 11 de Septiembre y la reciente reunión ministerial de la OMC en Qatar, espero que algunos asuntos puedan ser afrontados en un modo que refuerce y amplíe las movilizaciones contra la agenda neoliberal. Y contra los puñetazos del imperialismo estadounidense que están convirtiendo gran parte del mundo en un saco de boxeo para los intereses políticos y económicos de EEUU.

Es muy fácil caer en una fórmula, en un patrón ritual de acciones y respuestas. Pienso que deberíamos ser muy cautelosos en el momento de utilizar los plazos y horarios de las actividades oficiales como principales pautas y guías de orientación para nuestras propias actividades, y dirigir nuestros esfuerzos principalmente hacia ellas. Enormes cantidades de recursos son empleados por muchas ONGs y algunas asociaciones en organizar cumbres paralelas a casi cualquier evento oficial imaginable. 2002 parece tan plagado de esos encuentros como cualquier otro año que yo recuerde. Pero como es lo que está ocurriendo sobre el terreno, en nuestras comunidades y en las calles, cada día de cada año, acabará provocando un cambio real.

Quizás el carácter de la OMC y del proceso de globalización económica nos tienta a intentar partir el problema en trocitos pequeños con los que enfrentarnos. Se presta a la compartimentación, y de manera alarmante, incluso a enmarcar nuestras reacciones dentro del ámbito de acuerdos particulares. Lo que sucesivamente puede dar lugar a la fragmentación y compartimentación de la gente y los movimientos y a una pérdida de atención en cuestiones económicas y políticas más amplias. Nos encontramos con la necesidad de cuadrar asuntos de vida o muerte dentro de un mundo definido por los parámetros del AGCS, del Acuerdo sobre los ADPIC y del Acuerdo sobre Agricultura.

Sin embargo, esta moda no es nada nuevo. Las ONGs y sus campañas tienen tendencia a cambiar sus focos de atención, saltando de proyecto en proyecto. Gente, causas, países y asuntos son defendidos y olvidados, simplemente para volver a destacar cuando conviene o cuando cambian las prioridades de los que aportan los fondos. Mientras tanto, las luchas actuales de la gente por la justicia y la dignidad continúan. La ayuda, el desarrollo y muchas ONGs de apoyo que ahora están implicadas en actividades relacionadas con la globalización económica a menudo identifican el mundo de tal modo que consideran países, regiones, temas y asuntos como cuestiones que se ponen o se pasan de moda. A veces, cuando hablan de vincular asuntos e intereses, me pregunto cómo es que alguna vez se desconectaron. Con demasiada frecuencia estas organizaciones parecen más interesadas en las reacciones (si es que hay alguna) de las instituciones de Bretton Woods o de la ONU a sus intentos de presión que a las demandas de los movimientos de masas.

La formación de cualquier tipo de alianza general anti-imperialista, ya sea localmente o internacionalmente -y esto creo que es una prioridad urgente- para hacer frente con eficacia al capital global y a los procesos e instituciones que le permiten avanzar hacia sus metas no puede hacerse en los términos del enemigo ni según el paso y ritmo que éste dicte. Necesitamos identificar y pulir herramientas conceptuales con las cuales entender nuestras vidas y nuestro mundo, para resistir y construir alternativas a aquello que las instituciones, políticas y procesos injustos provocan.

Incluso cuando organizamos nuestras propias reuniones estratégicas, a menudo acabamos redactando planes de campañas que están tan centrados en fechas de reuniones de comités de la OMC en Ginebra, o en calendarios de la ONU, del Banco Mundial o del FMI, o dirigidas a conseguir publicidad en los medios, que queda poco espacio para ocuparse de nada más realmente en detalle. No es que estos eventos no sean importantes como para no ocuparse de ellos, o incluso para movilizarse si son oportunos, estratégicos o relevantes en nuestros contextos locales. Pero una fijación en estas actividades oficiales puede -y de hecho así es- ir en detrimento de retos urgentes de apoyo a las luchas que mantiene la gente y de la construcción de comunidades de resistencia.

Hay muchas reuniones oficiales, pero demasiado poco tiempo. Y no podemos emplear todas nuestras energías esperando cumbres o debatiendo los términos de acuerdos particulares, las posiciones de los distintos gobiernos y planeando nuestras acciones alrededor de sus agendas si es a costa de las luchas básicas que están desarrollándose ya.

Muchos de los grupos de presión de las ONGs cuyas voces se oyen frecuentemente en los círculos "anti-globalización" son también a menudo los que disponen de más recursos, los que buscan la "reforma" de las instituciones para cuya deslegitimación y desmantelamiento trabajamos muchos de nosotros, y están lejos de las luchas del pueblo. Muchos de ellos se oponen a tales términos. El pasado octubre en Hong Kong fui tratado con escarnio por un miembro de una agencia de desarrollo, por decir que estaba a favor de las luchas de la gente y sugerir que intentar reformar la OMC a través de ONGs internacionales y liberales sería tan inútil como intentar convertir un tigre en vegetariano.

Como dice Michel Chossudovsky, los lobbies tienen un papel importante, pero "éste debe desarrollarse enérgicamente en estrecha vinculación con los movimientos sociales que los componen. Los resultados fundamentales y la información deben, sin embargo, ser encauzados hacia una visión que refuerce y no debilite las acciones de las bases. En otras palabras, no deberíamos permitir que los lobbies sean gestionados de un modo oscuro y secretista por organizaciones que son elegidas a dedo por los gobiernos y por la OMC."

Hay un abismo enorme entre los detalles de acuerdos específicos de comercio que se discuten en muchas reuniones de ONGs y las realidades y necesidades cotidianas de las luchas populares. Por no mencionar la distancia y la tensión existentes entre lo que un activista definió como "la teoría y la práctica" del movimiento, con los "expertos" alineándose en comisiones para dirigir congresos de ONGs o buscando audiencias con las élites políticas y del mundo de los negocios por un lado, mientras los activistas comprometidos con la acción directa sufren los gases lacrimógenos y reciben palos en las calles. Debemos identificar y clasificar las fuerzas que dicen oponerse al orden neoliberal.

En cualquier caso, muchas de las actividades de las ONGs son asequibles exclusivamente para aquellos que tienen tiempo y dinero para coger un avión y llegar al lugar del próximo encuentro. Los recursos que hay detrás de los principales congresos alternativos paralelos a los encuentros oficiales podrían probablemente ser mejor empleados en educación popular y movilización de un modo menos " oso", y sin estar limitados por la preocupación por acaparar la mayor atención mediática posible. Pero de nuevo es fácil ver por qué no es así, cuando los gobiernos y organizaciones como la Fundación Ford y otros patrocinadores, con intereses dudosos, financian estas reuniones.

A veces temo que acabemos en peligro de caer en eso que el sindicalista canadiense Dave Bleakney llama "la misma mierda de las sociedades que adoran la píldora del consumismo y en las que vivimos". Él dice que "estamos siempre buscando el lugar y el momento oportuno para imitar a las empresas de relaciones públicas. (Si fuésemos realmente coherentes con el razonamiento deberíamos sencillamente contratar una de ellas, ya que parece que se les da mejor que a nosotros eso de promocionar productos)". Algo anda muy mal cuando los anuncios de Pepsi parecen más "revolucionarios" que la "sociedad civil".

Los encuentros oficiales pasan, la atención de los medios se termina, los imperios emergen y caen de nuevo, pero las personas siempre han luchado -y siempre seguirán luchando- por un mundo mejor. Asegurémonos de que ellos sean los que marquen el ritmo que nos hace bailar.

##################################

LA JUSTIFICACION MORAL DE LA INJUSTICIA


por David Korten

Los filósofos morales de la liberación del mercado, desvirtúan la realidad olvidando la diferenciación entre los derechos del dinero y los derechos de la gente. Es más, han igualado la libertad y los derechos de los individuos con la liberalización del mercado y los derechos de propiedad.

La liberalización del mercado es la liberalización del dinero, y cuando los derechos son una función de la propiedad, más que de la persona, entonces sólo aquellos con propiedades tienen derechos.

Es más, manteniendo que la única obligación del individuo es cumplir un contrato y los derechos de propiedad de otros, la filosofía moral de la liberalización del mercado efectivamente libera a aquellos que tienen una propiedad sobre su obligación con aquellos que no la tienen. Se obvia el hecho que los contratos entre débiles y poderosos son raramente igualitarios, y que la institución del contrato, igual que la institución de la propiedad tiende a reforzar, incluso a incrementar la desigualdad en sociedades no igualitarias. Así se legitiman y afianzan sistemas que institucionalizan la pobreza, mientras se mantiene que la pobreza es consecuencia de la indolencia y de los defectos de carácter inherentes a los pobres.

La premisa más básica de la democracia es que cada individuo tiene los mismos derechos ante la ley e igual voz en asuntos políticos, Una persona un voto..

Legítimamente podremos considerar el mercado como un árbitro democrático de derechos y preferencias, como declaran los liberales, sólo cuando los derechos de propiedad estén repartidos equitativamente.

Cuando 358 millonarios poseen un capital de 760.000 millones, de dólares, que es igual a los ingresos de los 2.500 millones de los seres humanos más pobres de la tierra, no se puede asumir que el mercado funcione justa o eficazmente, y debemos cuestionarnos la legitimidad del mercado como institución.

Las publicaciones como Fortune, Business Week, Forbes, The Wall Street Journal, y The Economist, todas ellas ardientes defensoras del liberalismo corporativo, raramente, o nunca, elogian una economía por su progreso hacia la eliminación de la pobreza, que deja a más de mil millones de personas viviendo en la privación absoluta, o hacen avances hacia una mayor equidad.

En vez de eso, constantemente evalúan el funcionamiento de las economías según el número de millonarios que producen, la competencia de los directivos mediante el frío desapasionamiento con el que despiden a miles de empleados, el éxito de los individuos según los millones de dólares que ganan en un año, y el éxito de las compañías mediante el alcance global de su poder y la capacidad de r mercados globales.

Tomemos, por ejemplo, la portada del Forbes del 5 de julio de 1998, anunciando a o y platillo las excelencias del mercado libre bajo el titular "Conozca a los nuevos multimillonarios del mundo".

"Mientras se extiende la desilusión con el socialismo y otras formas de economía de estado, la iniciativa personal, privada, se ha liberado para alcanzar su destino. La riqueza le sigue, como consecuencia natural. Las nuevas oportunidades para la libre empresa en esta década vienen de América Latina y el Extremo oriente. No es sorprendente que los nuevos millonarios de nuestra lista hayan surgido de estas dos regiones. En dos años, 11 nuevos millonarios en México y siete más Chinos".

Con una visión un poco más populista, Business Weeek hizo un reportaje especial titulado "Un millonario al minuto" en su numero del 29 de noviembre, incluye esta narración de lo que el libre mercado ha conseguido en Asia, que nos deja sin aliento.

"La prosperidad: para la mayoría de los asiáticos de hace una generación esto significaba mudarse a USA o vender recursos naturales a Japón. Pero ahora el este de Asia esta generando su propia riqueza a una velocidad y escala sin precedentes históricos. El número de multimillonarios asiáticos, no japoneses, llegará a 800.000 en 1996. El este de Asia sobrepasará a Japón en poder de compra dentro de una década. Y con los ahorros incrementándose en 550.000 millones anualmente, se convertirá en la mayor fuente de capital líquido. En Asia, dice Olarn Chaipravat, jefe ejecutivo del Siam Commercial Bank, el dinero está en todas partes. Hay nuevos mercados para todo, desde coches Mercedes, a teléfonos móviles Motorola y bonos bancarios. Para encontrar el precedente más cercano, tendríamos que retroceder 100 años en la historia de los Estados Unidos, a los días anteriores a los sindicatos, la vigilancia financiera y las leyes antitrust"

Estas historias no solo glorifican la persecución de la avaricia, sino que perversamente la elevan al nivel de misión religiosa personal. No importa que mientras que unos cuantos Asiáticos hayan amasado enormes fortunas, y una pequeña parte de asiáticos se hayan elevado a la categoría de clase consumidora, el sufrimiento de 675 millones de asiáticos, que continúan viviendo en la más absoluta pobreza siga siendo el mismo.

En una edición especial de 1994, titulada "El capitalismo del siglo 21", Business Week confirmó que la economía de mercado era una cuestión de clase, y que los liberales corporativos tenían muy claros los intereses de la clase a la que representaban.

"La agonía del comunismo claramente dio a luz una nueva era, dejando a la mayoría de las naciones con solo una opción a la que unirse......la economía de mercado. Después de 150 años de la publicación del Manifiesto Comunista, y más de medio siglo después del auge del totalitarismo, los burgueses han ganado"

La autoproclamada "objetividad de libertad de valores" del racionalismo económico se alinea fácilmente con la filosofía moral elitista de la liberalización de mercados. Raramente se ha revelado esto más claramente que en un memorándum, muy divulgado, escrito por Lawrence Summers en su cargo como " Economista Jefe " del Banco Mundial.

Summers argumentaba que resulta mucho más eficiente económicamente para los países ricos, deshacerse de sus residuos tóxicos en los países pobres, porque la gente pobre tiene una esperanza de vida más corta y menos potencial económico que la gente rica. En un comentario posterior a su memorándum , en The Economist, se argumentó que era un deber moral de los países ricos exportar su polución a países pobres, porque esto da a la gente pobre oportunidades económicas de las que de otra forma se verían privados.

En otra variación auto-justificativa de lógica moral, los racionalistas económicos comúnmente sostienen que los países ricos podrán ayudar mejor a los países pobres mediante el aumento de su propio consumo, para incrementar la demanda de exportaciones a países pobres, estimulando así su crecimiento económico y sacando a sus poblaciones de la pobreza.

Negando o ignorando la existencia de límites medioambientales, manifiestan que no hay base moral o práctica para reducir el consumo de los ricos a fin de remediar la privación de los pobres. Al contrario, afirman, es deber del rico consumir más, para crear más crecimiento, y así dar más oportunidades a los pobres. Un razonamiento conveniente para obtener amnistías fiscales para inversores y la colonización de muchos más recursos mundiales, a fin de respaldar el consumo autoindulgente de aquellos que pueden permitírselo. Es poco sorprendente por tanto que el racionalismo económico y la liberalización de mercados encante a los ricos.

Si los racionalistas económicos y los partidarios de la liberalización del mercado tuvieran una fidelidad seria a los principios del mercado y los derechos humanos, exigirían políticas encaminadas a conseguir condiciones para que los mercados funcionaran de manera democrática, en interés publico. Pedirían medidas para terminar con las subvenciones y el tratamiento preferente que reciben las grandes corporaciones, romperían los monopolios corporativos, fomentarían la distribución de la propiedad, internalizarían costes sociales y medioambientales, plantarían al capital en su sitio, asegurarían los derechos de los trabajadores, el pago justo por su trabajo y limitarían las oportunidades para obtener ganancias individuales exageradas, mucho mayores que la contribución productiva prestada.

La filosofía del liberalismo corporativo no es la creación de condiciones de mercado que, según la teoría de mercado, tendrán como resultado "una optimización del interés publico". No tiene nada que ver con el interés publico, en absoluto. La filosofía es defender e institucionalizar el derecho de los económicamente poderosos, para hacer lo que mejor convenga a sus intereses inmediatos, sin considerar la responsabilidad pública por las consecuencias. Coloca el poder en instituciones que son ciegas a temas de igualdad y equilibrio medioambiental.

Miles de personas inteligentes y que piensan, que sospechan con razón de los grandes gobiernos, creen en el trabajo duro y honesto, tienen profundos valores religiosos y que están comprometidos con sus familias y comunidades, están siendo embaucados por la información falsa y la desvirtuada lógica moral e intelectual, repetida constantemente desde los medios de comunicacion, que a su vez son propiedad de grandes corporaciones.

Están siendo convencidos para una causa política que va, conjuntamente, contra sus valores e intereses.

#######################

Aumenta el espionaje gubernamental por Internet en Estados Unidos



13 de junio, 2002

SAN JOSE, Estados Unidos (AP) -- En los siete meses posteriores a la aprobación de una ley para combatir el ismo, se multiplicaron las peticiones presentadas por las autoridades a las compañías de Internet para que les permitan espiar a ciertos suscriptores.

Los defensores del derecho a la privacidad temen que las libertades civiles de Estados Unidos se vean afectadas por una combinación de factores como los mayores poderes policiales -- ampliados por la llamada Ley Patriótica --, una supervisión menos estricta y una creciente cooperación entre el gobierno, las redes telefónicas del sector privado y los proveedores de Internet.

Las nuevas leyes no sólo se aplican al ismo, sino también a otros delitos. "La tendencia hasta el 11 de septiembre era proteger la privacidad", dijo Al Gidari, un abogado en Seattle, que representa a algunas compañías de Internet y telecomunicaciones. "Ahora parece que todo eso se metió en una caja... y se echó a un rincón", agregó.

Las autoridades consideran que necesitan una mayor supervisión electrónica para seguir las huellas a los delincuentes dotados de mayores adelantos técnicos, y recalcan que esas acciones son selectivas, lo que implica que no necesariamente buscan en todos los proveedores todos los mensajes electrónicos que mencionen a Osama bin Laden.

En la mayoría de las ocasiones, lo que necesitan es identificar la fuente o el destinatario de un mensaje amenazador o sospechoso.

Los defensores de las libertades individuales están de acuerdo en que es preciso combatir el ismo, pero temen que las medidas tomadas con ese fin afecten a ciudadanos inocentes.

"Lo que tememos es el surgimiento de un sistema que almacene vastas cantidades de información acerca de la gente y luego la use con propósitos diferentes de los que motivaron su creación", dijo Alan Davidson, director asociado del Centro para la Democracia y la Tecnología.

Los funcionarios de justicia aseguran que toda búsqueda debe ser aprobada por un juez, y que muchos de los cambios han hecho más estrictos ciertos procedimientos que brindaban ventajas a los delincuentes en el uso de Internet.

Sin embargo, los críticos sostienen que casi todas las solicitudes para intervenir comunicaciones suelen recibir aprobación, y que los únicos informes públicos acerca del proceso no han indicado si las peticiones son excesivas.

Las solicitudes de información se han quintuplicado con respecto a los niveles observados antes del 11 de septiembre, según Gidari, entre cuyos clientes figura el proveedor de Internet America Online, así como las telefónicas AT&T Wireless y Cingular.

En Quantum Computer Services, un proveedor de correo electrónico gratuito en el estado de Luisiana, las solicitudes de información por parte de las autoridades se duplicaron después de los atentados istas, dijo la gerente Sheila Keller.

"Algunas cuentas creadas en Arabia Saudita y en Medio Oriente fueron inspeccionadas debido a que incluían nombres sospechosos", añadió Keller.

En uno de los principales proveedores de infraestructura de Internet, las solicitudes de información "se han disparado", dijo un ejecutivo de seguridad, quien pidió que ni él ni su compañía fueran identificados.

La mayoría de las peticiones buscan identificar a los operadores de una dirección específica de Internet de la que deben reunirse evidencias a juicio de las autoridades, señaló el directivo.

El portavoz de AOL, Nicholas Graham, declaró que hubo un alza luego de los atentados istas, pero que la compañía ha vuelto " a los niveles normales de trabajo en cooperación y cumplimiento con las autoridades".

El espíritu de colaboración entre las compañías de Internet y las autoridades se intensificó incluso antes del 11 de septiembre, lo que representó un cambio sustancial respecto a los primeros días de la industria, expresó Gidari.

Las compañías "no son ya el bastión de la protección a los consumidores contra incursiones del gobierno en su información privada", dijo. "La percepción general es de una mayor coincidencia y deseo de ayudar", agregó.

Un investigador del FBI especializado en delitos informáticos dijo que algunos proveedores de servicios de Internet en el área de San Francisco mantienen sus registros de conexiones por mayores períodos sólo en caso de que los agentes lo soliciten.

Normalmente, los agentes entregan una carta en la que dicen que se proponen solicitar una orden judicial, y el proveedor de Internet comienza a buscar la información incluso antes de que la petición sea aprobada, explicó el investigador, que pidió mantener el anonimato.

Sue Ashdown, presidenta de la Asociación Estadounidense de Proveedores de Servicio de Internet, dijo que las compañías deben insistir en la presentación de una orden judicial. "Tienen una responsabilidad grave si entregan información sin causa suficiente", agregó.

Las compañías como Quantum, AOL y Earthlink dicen que no tienen otra alternativa que cooperar cuando las autoridades proporcionan los documentos necesarios.

Sin embargo, la ley de supervisión permite que los operadores y proveedores entreguen voluntariamente información en casos de emergencias.

"Ahora todo es una emergencia", dijo Gidari.

Copyright 2002 The Associated Press. Derechos Reservados.

#####################################


DE LA INDIA, CON PASION

foto2

Ciudadanos de Estados Unidos: bienvenidos al mundo


Ven, septiembre


ARUNDHATI ROY



La escritora india, Arundhati Roy, es autora de la novela El dios de las pequeñas cosas (ganadora del premio Booker, traducida a más de 40 idiomas) y activista en la lucha contra las pruebas nucleares realizadas por el gobierno de su país, contra las presas y a favor del medio ambiente (publicó The cost of living, un libro con dos ensayos sobre estos temas).
La “narradora de historias” sobre “la relación entre el poder y los que no tienen el poder, y el eterno conflicto circular en el cual están involucrados”, fue invitada por la Fundación Lannan para dialogar con el historiador estadunidense Howard Zinn en Santa Fe, Nuevo México, el pasado 18 de septiembre. Presentamos lo que dijo en esa ocasión:


LOS ESCRITORES IMAGINAN que eligen historias del mundo. Estoy comenzando a creer que la vanidad los hace pensar esto. Que sucede precisamente lo contrario. Las historias eligen a los escritores del mundo. Las historias se revelan ante nosotros. La narrativa pública, la narrativa privada: nos colonizan. Nos comisionan. Insisten en ser contadas. La ficción y la no–ficción son tan sólo diferentes técnicas para contar historias. Debido a razones que no comprendo totalmente, la ficción sale de mi bailando. La no–ficción sale a fuerza, a causa del mundo roto, adolorido, al cual despierto cada mañana.

El tema de gran parte de lo que escribo, tanto ficción como no–ficción, es la relación entre el poder y los que no tienen poder y el eterno conflicto circular en el cual están involucrados. John Berger, ese maravilloso escritor, una vez escribió: “Nunca más será contada una historia como si fuese la única”. Nunca podrá haber una sola historia. Sólo hay maneras de ver. Así que cuando cuento una historia, no la cuento como una ideóloga que quiera enfrentar una ideología absolutista contra otra, sino como una narradora de historias que quiere compartir su manera de ver. Aunque parezca ser de otra manera, mi escritura no trata sobre naciones e historia, trata sobre el poder. Sobre la paranoia y la crueldad del poder. Sobre la física del poder. Yo creo que la acumulación de un poder inmenso, sin límites, por parte de un Estado o un país, una empresa o una institución –o hasta un individuo, un cónyuge, un amigo o un hermano– sin importar la ideología, lleva a excesos como los que aquí recuento.

Viviendo como yo lo hago, como millones de nosotros lo hacemos, a la sombra del holocausto nuclear constantemente prometido por los gobiernos de la India y Pakistán a su ciudadanía “lavada del cerebro”; viviendo en el barrio global de la Guerra contra el (lo que el presidente Bush, un tanto bíblicamente, llama “La Tarea Que Nunca Termina”), me descubro a mí misma pensando mucho en la relación entre los Ciudadanos y el Estado.

En la India, aquellos de nosotros que hemos expresado puntos de vista sobre las as Nucleares, las Grandes Presas, la Globalización Empresarial y la creciente amenaza del mo comunal indio –puntos de vista que difieren con el del gobierno de la India– somos etiquetados como “anti–nacionales”. Si bien esta acusación no me llena de indignación, no es una descripción precisa de lo que hago o de cómo pienso. Un “anti–nacional” es una persona que está en contra de su nación y, por deducción, está a favor de alguna otra. Pero no se necesita ser “anti–nacional” para sospechar profundamente de todo nacionalismo, para ser anti–nacionalismo. El nacionalismo, de uno u otro estilo, fue la causa de la mayor parte del genocidio del siglo veintiuno. Las banderas son pedazos de tela de colores que los gobiernos usan, primero para encoger–envolver las mentes de las personas y después como manto ceremonial para enterrar a los muertos. Cuando personas independientes, pensantes (y aquí no incluyo a los grandes medios de comunicación) comienzan a reunirse bajo banderas, cuando escritores, pintores, músicos, cineastas dejan de tener juicio propio y ciegamente ponen su arte al servicio de la “Nación”, es hora de que todos nosotros nos pongamos en alerta y nos preocupemos. En la India vimos que esto sucedió poco después de las pruebas nucleares de 1998 y durante la Guerra Kargil contra Pakistán en 1999. En Estados Unidos lo vimos durante la Guerra del Golfo y lo vemos ahora, durante la “Guerra contra el ”. Esa ventisca de banderas estadunidenses Hechas-en-China.

Recientemente, aquellos que han criticado las acciones del gobierno estadunidense (incluyéndome a mí) han sido nombrados “anti–estadunidenses”. El Anti–estadunidensismo está en el proceso de ser consagrado como una ideología.

Ser anti–estadunidense

Normalmente, el término “anti–estadunidense” es usado por el establishment estadunidense para desacreditar y, sin falsedad –pero, digamos que sin precisión– definir a sus críticos. Una vez que alguien es etiquetado como anti–estadunidense, lo más probable es que sea juzgado antes de ser escuchado y el argumento se perderá en la confusión del mellado orgullo nacional.

¿Qué significa el término “anti–estadunidense”? ¿Significa que estás en contra del jazz? ¿O que te opones a la libertad de expresión? ¿Que no te deleitas con Toni Morrison o John Updike? ¿Que tienes algo en contra del gigante Sequoias? ¿Significa que no admiras a los cientos de miles de ciudadanos estadunidenses que marcharon contra las armas nucleares, o a los miles que se opusieron a la guerra y que orillaron a su gobierno a retirarse de Vietnam? ¿Significa que odias a todos los estadunidenses?

Esta astuta fusión de la cultura, la música, la literatura estadunidense, la deslumbrante belleza física del territorio, los placeres comunes y corrientes de la gente común y corriente que critica la política exterior del gobierno estadunidense (de la cual, gracias a la “prensa libre” de Estados Unidos, tristemente la mayoría de los estadunidenses conocen poco) es una deliberada y extremadamente efectiva estrategia. Es como un ejército en retirada que busca resguardo en una ciudad densamente poblada, esperando que la posibilidad de darle a blancos civiles disuada el fuego enemigo.

Hay muchos estadunidenses que estarían mortificados de que se les asocie con las políticas de su gobierno. Las críticas más eruditas, severas, incisivas e hilarantes sobre la hipocresía y las contradicciones de la política gubernamental estadunidense provienen de los ciudadanos estadunidenses. Cuando el resto del mundo quiere saber qué trae entre manos el gobierno estadunidense, buscamos a Noam Chomsky, Edward Said, Howard Zinn, Ed Herman, Amy Goodman, Michael Albert, Chalmers Johnson, William Blum y Anthony Arnove para que nos digan lo que realmente está pasando.

De la misma manera, en la India, no cientos, sino millones de nosotros estaríamos avergonzados y ofendidos si de alguna manera se nos asociara con las políticas tas del actual gobierno indio que, aparte de ejercer el ismo de Estado en el valle de Cachemira (en nombre de la lucha contra el ismo), también se ha hecho de la vista gorda respecto al reciente pogrom, supervisado por el Estado, contra los musulmanes en Gujarat. Sería absurdo pensar que aquellos que critican al gobierno de la India son “anti–indios” –aunque el gobierno nunca duda en seguir esa línea–. Es peligroso cederle al gobierno indio o al gobierno estadunidense o, en ese caso, a cualquiera, el derecho a definir qué es, o debe ser, “India” o “Estados Unidos”.

Llamar a alguien “anti–estadunidense”, de hecho, ser anti–estadunidense (o en ese caso, anti–indio, o anti–timbuktú), no sólo es racista, es una falla de la imaginación. Una inhabilidad de ver el mundo en términos distintos a los que el establishment ha expuesto: Si no eres un Bushie, eres talibán. Si no nos amas, nos odias. Si no eres Bueno, eres Malvado. Si no estás con nosotros, estás con los istas.

El año pasado, cometí el error, como lo hicieron muchos otros, de burlarme de esta retórica pos-11 de Septiembre, desdeñándola como tonta y arrogante. Me he dado cuenta de que de ninguna manera es tonta. De hecho, es un astuto plan de reclutamiento para una guerra peligrosa y mal comprendida. Todos los días me sorprendo de la cantidad de gente que cree que oponerse a la guerra en Afganistán equivale a apoyar al ismo, o votar a favor del Talibán. Ahora que la meta inicial de la guerra –capturar a Osama Bin Laden (muerto o vivo)– parece haberse topado con mal clima, los postes de la portería se han movido. Nos han explicado que todo el sentido de la guerra era derribar al régimen Talibán y liberar a las mujeres afganas de sus burkas. Nos están pidiendo que creamos que los marines estadunidenses estaban en una misión feminista. (Si es así, ¿su próxima parada será el aliado militar de Estados Unidos, Arabia Saudita?) Piénsenlo de esta manera: En la India hay algunas prácticas sociales bastante censurables, en contra de los “intocables”, en contra de los cristianos y los musulmanes, en contra de las mujeres. Pakistán y Bangladesh tienen peores formas de lidiar con comunidades minoritarias y con las mujeres. ¿Deben ser ardeados? ¿Deben ser destruidos Delhi, Islamabad y Dhaka? ¿Es posible sacar el fanatismo a azos de la India? ¿Podemos ardearnos el camino a un paraíso feminista? ¿Fue así como las mujeres ganaron el voto en Estados Unidos? ¿O como fue abolida la esclavitud? ¿Podemos reparar el genocidio de millones de estadunidenses nativos, sobre cuyos cuerpos se fundó Estados Unidos, ardeando Santa Fe?

La pérdida

Ninguno de nosotros necesita aniversarios que nos recuerden lo que no podemos olvidar. Así que no es más que una co–incidencia que yo esté aquí, en suelo estadunidense, en septiembre –este mes de terribles aniversarios–. Claro, en primer lugar, en la mente de todo mundo, especialmente aquí en Estados Unidos, está el horror de lo que ya se conoce como el Nueve Once. Casi 3 mil civiles perdieron su vida en aquel letal ataque ista. El dolor aún es profundo. La ira aún aguda. Las lágrimas no se han secado. Y una extraña, mortífera guerra se ha desatado alrededor del mundo. Sin embargo, cada persona que ha perdido a un ser amado seguramente sabe, secretamente, en lo más hondo, que ninguna guerra, ningún acto de venganza, ninguna a daisy-cutter [corta-margaritas] lanzada sobre los seres amados de alguien más o de los niños de alguien más, limará el filo de su dolor o les traerá a sus seres amados de regreso. La guerra no puede vengarse por aquellos que murieron. La guerra es sólo una brutal profanación de su memoria.

Alimentar todavía otra guerra –esta vez contra Irak– a través de manipular cínicamente el dolor de las personas, a través de empaquetarlo en especiales televisivos patrocinados por empresas que venden detergente o tenis, es abaratar y devaluar el dolor, vaciarlo de su sentido. Lo que ahora vemos es una vulgar manifestación del negocio del dolor, el comercio del dolor, el saqueo de hasta los más privados sentimientos humanos para un propósito político. Es una cosa violenta, terrible, de un Estado hacia su pueblo.

No es un tema muy inteligente del cual hablar desde una plataforma pública, pero de lo que realmente me gustaría hablar con ustedes es de la Pérdida. La Pérdida y perder. El dolor, el fracaso, lo roto, lo entumecido, la incertidumbre, el miedo, la muerte del sentimiento, la muerte del sueño. La absoluta, despiadada, interminable, habitual injusticia del mundo. ¿Qué significa la pérdida para los individuos? ¿Qué significa para culturas completas, pueblos completos que han aprendido a vivir con ella como una constante compañera?

Ya que estamos hablando del 11 de septiembre, quizá venga al caso que recordemos lo que significa esa fecha, no sólo para aquellos que el año pasado perdieron a seres amados en Estados Unidos, sino también para todos aquellos a quienes, desde hace mucho, esta fecha ha tenido un significado. Este “dragado” histórico no se ofrece como una acusación o como una provocación. Sino tan sólo para compartir el dolor de la historia. Para desvanecer un poco la niebla. Para decirles a los ciudadanos de Estados Unidos, de la manera más suave, más humana: Bienvenidos al mundo.

Los septiembres

Hace 29 años, en Chile, el 11 de septiembre de 1973, el general Pinochet derrocó al gobierno elegido democráticamente de Salvador Allende a través de un golpe de Estado apoyado por la CIA. “No se debe dejar que Chile se vuelva marxista sólo porque su pueblo es irresponsable”, dijo Henry Kissinger, Premio Nobel de la Paz, entonces consejero en seguridad nacional del presidente Nixon.

Después del golpe, el presidente Allende fue encontrado muerto dentro del palacio presidencial. Si lo mataron o si él se mató a sí mismo, nunca lo sabremos. En el régimen de que siguió, miles de personas fueron asesinadas. Muchas más simplemente fueron “desaparecidas”. Escuadrones de fuego condujeron ejecuciones públicas. En todo el país se abrieron campos de concentración y cámaras de tortura. Se enterraron a los muertos en pozos mineros y tumbas sin nombres. Durante 17 años, el pueblo de Chile vivió atemorizado de que tocaran a la puerta de su casa a medianoche, de las “desapariciones” rutinarias, de las aprehensiones repentinas y la tortura. Los chilenos cuentan la historia de cómo le cortaron las manos al músico Víctor Jara frente a una multitud en el Estadio de Santiago. Antes de dispararle, los soldados de Pinochet le aventaron la guitarra y, en son de burla, le ordenaron que la tocara.

En 1999, tras el arresto del general Pinochet en Gran Bretaña, miles de documentos secretos fueron declasificados por el gobierno estadunidense. Contienen evidencia inequívoca del involucramiento de la CIA en el golpe de Estado, así como del hecho de que el gobierno estadunidense tenía información detallada sobre la situación en Chile durante el reino del general Pinochet. Aún así, Kissinger le aseguró al general que contaba con su apoyo: “En Estados Unidos, como usted sabe, simpatizamos con lo que está tratando de hacer”, dijo; “le deseamos lo mejor a su gobierno”.

Aquellos de nosotros que sólo hemos conocido la vida en una democracia, por más defectuosa que sea, difícilmente podríamos imaginar lo que realmente significa vivir en una dictadura y soportar la pérdida absoluta de la libertad. No sólo se trata de aquellos a los cuales Pinochet asesinó, también se debe tomar en cuenta las vidas que les robó a los que estaban vivos.

Tristemente, Chile no fue el único país en Sudamérica en ser seleccionado para recibir las atenciones del gobierno estadunidense. Guatemala, Costa Rica, Ecuador, Brasil, Perú, República Dominicana, Bolivia, Nicaragua, Honduras, Panamá, El Salvador, México y Colombia: todos han sido el patio de recreo para las operaciones cubiertas –y descubiertas– de la CIA. Cientos de miles de latinoamericanos han sido asesinados, torturados o simplemente han desaparecido bajo los regímenes despóticos y los dictadores de pacotilla, los narcotraficantes y los comerciantes de armas que fueron apoyados en sus países. (Muchos aprendieron su oficio en la tristemente célebre Escuela de las Américas en Fort Benning, Georgia, fundada por el gobierno, que ha producido 60 mil graduados.) Si esto no era suficiente humillación, los pueblos de Sudamérica han tenido que cargar con la cruz de ser etiquetados como pueblos incapaces de ejercer una democracia –como si los golpes y las masacres fuesen parte de sus genes–.

Las “fallas geológicas”

Esta lista, claro, no incluye a los países en Africa o Asia que sufrieron intervenciones militares –Vietnam, Corea, Indonesia, Laos y Cambodia–. ¿Durante cuántos septiembres, por décadas, han sido ardeados, quemados, asesinados millones de asiáticos? ¿Cuántos septiembres han transcurrido desde agosto de 1945, cuando cientos de miles de japoneses comunes y corrientes fueron borrados por los ataques nucleares a Hiroshima y Nagasaki? ¿Durante cuántos septiembres han, los miles que tuvieron la mala fortuna de sobrevivir a estos ataques, aguantado el infierno viviente que los visitó a ellos, a sus niños por nacer, a los niños de sus niños, a la tierra, al cielo, al viento, al agua, y a todas las criaturas que nadan y caminan y se arrastran y vuelan? No lejos de aquí, en Albuquerque, está el Museo Nacional Atómico donde el Hombre Gordo y el Niño Pequeño (los apodos de cariño para las as que dejaron caer sobre Hiroshima y Nagasaki) se podían conseguir como aretes de recuerdo. Jóvenes funky se los ponían. Una masacre colgando de cada oreja. Pero me estoy desviando del tema. Estamos hablando de septiembre, no de agosto.

El 11 de septiembre también tiene una resonancia trágica en Medio Oriente. El 11 de septiembre de 1922, ignorando la indignación árabe, el gobierno británico proclamó un mandato en Palestina, como seguimiento de la Declaración Balfour de 1917, promulgada por la Gran Bretaña Imperial, con su ejército listo, afuera de las rejas de la ciudad de Gaza. La Declaración Balfour le prometía a los sionistas europeos un hogar nacional para el pueblo judío. (En aquel momento, el Imperio sobre el cual el Sol Nunca Se Ponía era libre de arrebatar y legar los hogares nacionales de la misma manera en que el niño mandón de la escuela distribuye las canicas.) Dos años después de la declaración, Lord Balfour, el secretario del Exterior británico, dijo: “En Palestina no nos proponemos consultar los deseos de los habitantes actuales del país. El sionismo, tenga o no razón, sea bueno o malo, está enraizado en antiguas tradiciones, en necesidades actuales, en esperanzas futuras de más profunda importancia que los deseos o prejuicios de 700 mil árabes que ahora habitan esta antigua tierra”.

Qué descuidadamente decretó el poder imperial las necesidades de quién eran profundas y las de quién no las eran. Qué descuidadamente hizo una vivisección de las civilizaciones antiguas. Palestina y Cachemira son los regalos, que escurren sangre y supuran, de la Gran Bretaña Imperial al mundo moderno. Ambos son las “fallas geológicas” de los imperantes conflictos internacionales de hoy.

En 1937 Winston Churchill dijo de los palestinos: “No estoy de acuerdo en que un perro en un pesebre tiene el derecho supremo al pesebre, aunque haya estado ahí echado durante mucho tiempo. No admito ese derecho. No admito, por ejemplo, que se le ha hecho un gran mal a los indios rojos o a los negros en Australia. No admito que se haya hecho algún mal a estas personas por el hecho de que una raza más fuerte, una raza de más alto rango, una raza de más mundo, por ponerlo de alguna manera, ha entrado y ha tomado su lugar”. Eso marcó la pauta de la actitud del Estado israelí hacia los palestinos. En 1969, la primer ministro israelí Golda Meir dijo: “Los palestinos no existen”. Su sucesora, Levi Eshkol, dijo: “¿Qué son los palestinos? Cuando yo llegué [a Palestina] había 250 mil no judíos, principalmente árabes y beduinos. Era un desierto, más que subdesarrollado. Nada”. El primer ministro Menachem Begin llamó a los palestinos “bestias bípedas” El primer ministro Yitzhak Shamir los llamó “grillos” que podían ser aplastados. Este es el lenguaje de los Jefes de Estado, no de la gente común y corriente.

En 1947 la ONU oficialmente partió Palestina y asignó 55% de la tierra palestina a los sionistas. En el lapso de un año habían capturado 78%. El 14 de mayo de 1948 se declaró el Estado de Israel. Minutos después de la declaración, Estados Unidos reconoció a Israel. El Lado Oeste fue anexado a Jordania. La franja de Gaza quedó bajo control militar egipcio. Oficialmente, Palestina dejaba de existir, excepto dentro de las mentes y corazones de cientos de miles de palestinos que se convirtieron en refugiados.

En el verano de 1967, Israel ocupó el Lado Oeste y la Franja de Gaza. A los asentados se les ofreció subsidios estatales y apoyo de desarrollo, para que se trasladaran a los territorios ocupados. Casi diario, más familias palestinas son orilladas a dejar sus tierras y forzadas a los campos de refugiados. Los palestinos que aún viven en Israel no tienen los mismos derechos que los israelíes y viven como ciudadanos de segunda clase, en la que fue su tierra patria.

A lo largo de décadas ha habido sublevaciones, guerras, intifadas. Se han perdido decenas de miles de vidas. Se han firmado acuerdos y tratados. Se han declarado y violado ceses de fuego. Pero el derrame de sangre no termina. Palestina aún permanece ilegalmente ocupada. Su gente vive en condiciones infrahumanas, en virtuales Bantustans, donde son sometidos a castigos colectivos, toques de queda de 24 horas, donde son humillados y brutalizados a diario. No saben cuándo va a ser demolida su casa, cuándo van a disparar contra sus niños, cuándo cortarán sus preciosos árboles, cuándo cerrarán sus calles, cuándo les permitirán caminar al mercado a comprar comida y medicina. Y cuándo no. Viven sin el menor rastro de dignidad. Con poca esperanza a la vista. No tienen control sobre sus tierras, su seguridad, su movimiento, su comunicación, su abastecimiento de agua. Así que cuando se firman acuerdos y se difunden palabras como “autonomía” e incluso “Estado”, siempre vale la pena preguntar: ¿Qué tipo de autonomía? ¿Qué tipo de Estado? ¿Qué tipo de derechos tendrán sus ciudadanos?

Los jóvenes palestinos que no pueden contener su enojo se transforman a sí mismos en as humanas y atormentan las calles y lugares públicos de Israel, explotándose, matando a gente común y corriente, inyectándole a la vida cotidiana, y eventualmente endureciendo el odio mutuo y la sospecha entre ambas sociedades. Cada ardeo invita a despiadadas revanchas y a más sufrimiento para los palestinos. Pero una a suicida es un acto de desesperación individual, no una táctica revolucionaria. A pesar de que los ataques palestinos atemorizan a los civiles israelíes, proveen de la cubierta perfecta para las incursiones diarias del gobierno israelí a territorio palestino, la excusa perfecta para un colonialismo del siglo diecinueve, fuera de moda, arreglada para parecer como una “guerra” a la moda, del siglo veintiuno.

El sufrimiento, ¿mecha de la crueldad?

El aliado político y militar más fiel de Israel es, y siempre ha sido, el gobierno estadunidense. El gobierno estadunidense ha bloqueado, junto con Israel, casi todas las resoluciones de la ONU que buscaban una solución pacífica, equitativa, al conflicto. Ha apoyado casi todas las guerras que Israel ha luchado. Cuando Israel ataca a los palestinos, misiles estadunidenses son los que perforan sus hogares. Y cada año Israel recibe varios miles de millones de dólares de Estados Unidos.

¿Qué lecciones debemos extraer de este trágico conflicto? ¿Es realmente imposible que el pueblo judío que sufrió tan cruelmente –más cruelmente, quizá, que ningún otro pueblo en la historia– comprenda la vulnerabilidad y la añoranza de aquellos a los que ellos desplazaron? ¿El extremo sufrimiento también enciende la crueldad? ¿Qué esperanza le deja a la humanidad? ¿Qué sucederá con el pueblo palestino si obtiene la victoria? Cuando una nación sin Estado eventualmente proclama un Estado, ¿qué tipo de Estado será? ¿Qué horrores se perpetrarán bajo su bandera? ¿Deberíamos estar luchando por un Estado separado o por el derecho a una vida con libertad y dignidad para todos, sin importar origen étnico o religión?

Palestina fue un baluarte secular en el Medio Oriente. Pero ahora la débil, no–democrática y definitivamente corrupta, pero declarada no sectaria, OLP [Organización para la Liberación de Palestina], está perdiendo terreno ante Hamas, que está casado con una ideología abiertamente sectaria y lucha en nombre del Islam. Cito de su manifiesto: “Seremos sus soldados, y la leña de su fuego, que quemará a los enemigos”.

El mundo está llamado a condenar a los as suicidas. Pero, ¿podemos ignorar el largo camino que anduvieron antes de llegar a este destino? Del 11 de septiembre de 1922 al 11 de septiembre de 2002 –80 años es un largo, largo tiempo para estar librando una guerra–. ¿Hay algún consejo que el mundo le pueda dar al pueblo de Palestina? ¿Algún retazo de esperanza que podamos ofrecer? ¿Deberían de simplemente conformarse con las moronas que les avientan y comportarse como los grillos o las bestias bípedas, como los han descrito? ¿Deberían de simplemente escuchar la sugerencia de Golda Meir y hacer un verdadero esfuerzo por no existir?

El pecado de Saddam

En otro lugar del Medio Oriente, el 11 de septiembre trae a la memoria algo más reciente. Fue el 11 de septiembre de 1990 cuando George Bush Padre, entonces presidente de Estados Unidos, dio un discurso en una sesión conjunta del Congreso anunciando la decisión de su gobierno de emprender la guerra contra Irak.

El gobierno estadunidense dice que Saddam Hussein es un criminal de guerra, un cruel militar déspota que ha cometido genocidio contra su propio pueblo. Esa es una descripción bastante acertada del hombre. En 1988 arrasó con cientos de pueblos al norte de Irak y usó armas químicas y ametralladoras para matar a miles de kurdos. Hoy sabemos que ese mismo año el gobierno estadunidense le otorgó 500 millones de dólares en subsidios para comprar productos agrícolas estadunidenses. El siguiente año, tras haber completado con éxito su campaña genocida, el gobierno estadunidense duplicó el subsidio a mil millones de dólares. También le dio una semilla madre de alta calidad para ántrax, así como helicópteros y material de uso dual que podría ser usado para manufacturar armas químicas y biológicas.

Así que resulta que mientras Saddam Hussein llevaba a cabo sus peores atrocidades, los gobiernos estadunidense y británico eran sus aliados más cercanos. Incluso hoy, el gobierno turco, que tiene uno de los más espantosos récords de derechos humanos en el mundo, es uno de los más cercanos aliados del gobierno estadunidense. El hecho de que durante años el gobierno turco ha oprimido y asesinado a kurdos no ha evitado que el gobierno estadunidense supla a Turquía de armas y Apoyo para el Desarrollo. Evidentemente, la preocupación por el pueblo kurdo no fue lo que motivó el discurso del presidente Bush en el Congreso.

¿Qué cambió? En agosto de 1990, Saddam Hussein invadió Kuwait. Su pecado no fue tanto que cometiera un acto de guerra, sino que actuó con independencia, sin recibir órdenes de sus amos. Esta demostración de independencia fue suficiente para desbalancear la ecuación del poder en el Golfo. Así que se llegó a la decisión de que Saddam Hussein debía ser exterminado, como una mascota que ha durado más que el afecto de su dueño.

El primer ataque aliado sobre Irak tuvo lugar en enero de 1991. El mundo miró la guerra en horario estelar mientras era jugada por televisión. (En la India, en aquellos días, tenías que ir al lobby de un hotel de cinco estrellas para ver CNN.) Decenas de miles de personas fueron asesinadas en un mes de ardeo devastador. Lo que muchos no saben es que la guerra no terminó ahí. La furia inicial se fue diluyendo hasta convertirse en el más largo ataque aéreo perpetrado contra un país desde la Guerra de Vietnam. Durante la pasada década, las fuerzas estadunidenses y británicas dispararon miles de misiles y as sobre Irak. Los campos y tierras agrícolas de Irak fueron ardeadas con 300 toneladas de uranio empobrecido. En países como Gran Bretaña y Estados Unidos, las as de uranio empobrecido son probadas en túneles de concreto construidas con ese propósito. Los residuos radiactivos son limpiados, sellados en cemento y tirados en el océano (lo cual, en sí mismo, está mal). En Irak, estas as son dirigidas –deliberadamente, con mala intención– hacia la comida y el abasto de agua de la gente. En sus ardeos, los aliados apuntaron hacia, y destruyeron, las plantas tratadoras de agua, totalmente conscientes del hecho de que no podían ser reparadas sin asistencia extranjera. En el sur de Irak se cuadruplicó el cáncer entre los niños. En la década de sanciones económicas que siguió a la guerra, le negaron a los civiles iraquíes alimentos, medicina, equipo médico, ambulancias, agua potable –lo básico–.

Alrededor de medio millón de niños iraquíes han muerto como resultado de las sanciones. Sobre estos niños, Madeleine Albright, entonces embajadora de Estados Unidos en las Naciones Unidas, dijo la famosa frase: “Es una decisión difícil, pero creemos que es un precio que vale la pena pagar”. “Equivalencia moral”, fue el término que fue usado para denunciar a aquellos que criticaron la guerra en Afganistán. Madeleine Albright no puede ser acusada de equivalencia moral. Lo que ella dijo fue simple y llano álgebra. Una década de ardeo no ha logrado echar a Saddam Hussein, la “bestia de Bagdad”. Ahora, a casi 12 años, el presidente George W. Bush ha escalado la retórica. Propone una guerra total cuya meta es al menos un cambio de régimen. The New York Times dice que la administración Bush está “llevando a cabo una estrategia meticulosamente planeada para persuadir al público, al Congreso y a sus aliados de la necesidad de enfrentar la amenaza de Saddam Hussein”. Andrew H. Card, el jefe del gabinete de la Casa Blanca, describió cómo la administración está acelerando sus planes de guerra para este otoño: “Desde un punto de vista de la mercadotecnia”, dijo, “no presentas nuevos productos en agosto”. Esta vez, la frase–gancho para el “nuevo producto” de Washington no es la difícil situación del pueblo kuwaití, sino la afirmación de que Irak tiene armas de destrucción masiva. Olvídate de la “irresponsable moralización de los cabildeadores de la ‘paz’”, escribió Richard Perle, presidente del Defense Policy Board, “si es necesario, Estados Unidos actuará solo” y usará un “ataque preventivo” si determina que es en el mejor interés de Estados Unidos.

Los inspectores de armas tienen informes contradictorios respecto al estado de las armas de destrucción masiva de Irak, y muchos claramente han dicho que su arsenal ha sido desmantelado y que no tiene la capacidad para construir uno. Sin embargo, no hay confusión respecto a la extensión y alcance del arsenal de armas nucleares y químicas de Estados Unidos. ¿Estados Unidos daría la bienvenida a inspectores de armas? ¿Lo haría el Reino Unido? ¿O Israel?

¿Qué tal si Irak sí tiene un arma nuclear?, ¿justifica esto un ataque preventivo? Estados Unidos tiene el arsenal más grande de armas nucleares del mundo. Es el único país en el mundo que las ha utilizado contra la población civil. Si se justifica que Estados Unidos lance un ataque preventivo contra Irak, entonces, se justifica que cualquier poder nuclear lleve a cabo un ataque preventivo contra cualquier otro. La India podría atacar Pakistán, o viceversa. Si al gobierno estadunidense le provoca una aversión el primer ministro de la India, ¿puede simplemente “quitarlo” a través de un ataque preventivo?

Hace poco Estados Unidos jugó un papel importante en jalar a la India y a Pakistán del borde de la guerra. ¿Es tan difícil que siga sus propios consejos? ¿Quién es culpable de la irresponsable moralización? ¿De sermonear por la paz mientras hace la guerra? Estados Unidos, que George Bush ha llamado “la nación más pacífica sobre la Tierra”, ha estado en guerra contra uno u otro país en cada uno de los 50 años pasados.

El puño oculto

Las guerras nunca han sido peleadas por razones altruistas. Normalmente se pelean por hegemonía, por negocios. Y, claro, también está el negocio de la guerra. Para la política exterior estadunidense es fundamental proteger su control sobre el petróleo del mundo. Las recientes intervenciones militares del gobierno estadunidense en los Balcanes y Asia Central tienen que ver con el petróleo. Se dice que Hamid Karzai, el presidente marioneta de Afganistán, impuesto por Estados Unidos, es ex empleado de Unocal, una compañía petrolera con base en Estados Unidos. El paranoico patrullaje del gobierno estadunidense en el Medio Oriente se debe a que esta región tiene dos tercios de las reservas petroleras del mundo. El petróleo mantiene los motores de Estados Unidos ronroneando dulcemente. El petróleo mantiene el Libre Mercado andando. Quien controle el petróleo del mundo controla el mercado mundial. Y, ¿cómo controlas el petróleo?

Nadie lo explica de manera más elegante que el columnista de The New York Times Thomas Friedman. En un artículo llamado “La locura paga” dice que “Estados Unidos le tiene que dejar claro a Irak y a los aliados de Estados Unidos que ... Estados Unidos usará la fuerza sin negociación, titubeo o la aprobación de la ONU”. Su consejo fue escuchado. En las guerras contra Irak y Afganistán, así como en la prácticamente diaria humillación del gobierno estadunidense a la ONU. En su libro sobre globalización, The lexus and the olive tree, Friedman dice: “La mano oculta del mercado nunca funcionará sin un puño oculto. McDonald’s no puede florecer sin McDonnell Douglas... Y el puño oculto que mantiene al mundo seguro para que las tecnologías de Silicon Valley florezcan se llama el ejército estadunidense, la fuerza Aérea, la Naval, y los Marines”. Quizá esto fue escrito en un momento de vulnerabilidad, pero ciertamente es la más sucinta, precisa descripción del proyecto de Globalización Empresarial que jamás he leído.

Tras el 11 de septiembre de 2001 y la Guerra contra el , la mano y el puño ocultos han quedado al descubierto –y ahora tenemos una clara visión del otro arma de Estados Unidos –el Libre Mercado– acechando sobre el Mundo en Desarrollo, con una apretada sonrisa que no sonríe. La Tarea que Nunca Termina es la guerra perfecta de Estados Unidos, el vehículo perfecto para la expansión sin fin del Imperialismo Estadunidense. En urdu, la palabra para ganancia es fayda. Al Qaida significa La Palabra, La Palabra de Dios, La Ley. Así que en la India algunos llamamos a la Guerra Contra el , Al Qaida vs Al Fayda –La Palabra contra La Ganancia (no se pretende hacer un juego de palabras)–.

Por ahora parece que Al Fayda lleva la de ganar. Pero nunca se sabe...

Imagina que no hay países...

En los pasados 10 años de desbocada Globalización Empresarial, el ingreso total del mundo se ha incrementado en un 2.5% anual. Y sin embargo el número de pobres en el mundo se ha incrementado en 100 millones. De las 100 economías más grandes, 51 son empresas, no países. El 1% más alto del mundo tiene el mismo ingreso combinado del 57% más bajo y la disparidad va en aumento. Ahora, bajo la bóveda en expansión de la Guerra Contra el , este proceso es empujado hacia adelante. Los hombres de traje tienen una prisa desmedida. Mientras nos llueven as, y los misiles navegan por los cielos, mientras las armas nucleares se apilan para hacer del mundo un lugar más seguro, se firman contratos, se registran patentes, se construyen oleoductos, se saquean los recursos naturales, se privatiza el agua y se socavan las democracias.

En un país como la India, el “ajuste estructural” del proyecto de la Globalización Empresarial está destrozando las vidas de las personas. Los proyectos de “desarrollo”, la privatización masiva, y las “reformas” laborales están empujando a la gente de sus tierras y de sus trabajos, resultando en una especie de bárbaro despojo que tiene pocos paralelos en la historia. En todo el mundo, mientras el “Mercado Libre” descaradamente protege los mercados occidentales y fuerza a los países en desarrollo a quitar sus barreras comerciales, los pobres se vuelven más pobres y los ricos más ricos. El descontento civil ha comenzado a hacer erupción en la aldea global. En países como Argentina, Brasil, México, Bolivia, la India, los movimientos de resistencia contra la Globalización Empresarial crecen. Para contenerlos, los gobiernos aprietan su control. Los manifestantes son etiquetados como “terroristas” y luego son tratados como tales. Pero el descontento civil no sólo significa marchas y manifestaciones y protestas contra la globalización. Desafortunadamente también significa una desesperada espiral descendiente, hacia el crimen y el caos y todo tipo de desesperación y desilusión que, como sabemos por la historia (y por lo que vemos desatándose ante nuestros ojos), gradualmente se torna en un campo fértil para cosas terribles –nacionalismo cultural, fanatismo religioso, mo, y claro, ismo–.

Todos estos van de la mano con la Globalización Empresarial.

Hay una idea que está ganando crédito: el Libre Mercado rompe las barreras nacionales, y el destino final de la Globalización Empresarial es un paraíso hippie donde el corazón es el único pasaporte y todos vivimos felices juntos, dentro de la canción de John Lennon (Imagina que no hay países...) Esto es una patraña.

Lo que el Libre Mercado socava no es la soberanía nacional, sino la democracia. Conforme crece la disparidad entre los ricos y los pobres, el puño oculto tiene su trabajo trazado. Las multinacionales, –al acecho de “negocios queridos” que les den enormes ganancias–, no pueden llevar a buen término los negocios y administrar esos proyectos en países en desarrollo sin la activa connivencia de la maquinaria estatal –la policía, las cortes, a veces incluso el ejército–. Hoy, la globalización empresarial requiere de una confederación internacional de gobiernos leales, corruptos, preferentemente autoritarios en países más pobres, para que empujen las reformas impopulares y sofoquen los motines. Necesita de una prensa que finja ser libre. Necesita cortes que finjan repartir justicia. Necesita as nucleares, ejércitos, leyes más estrictas de inmigración, y vigilantes patrullas costeras para asegurarse de que sólo el dinero, los bienes, las patentes y los servicios se globalicen–no el libre movimiento de las personas, no el respeto a los derechos humanos, no los tratados internacionales sobre discriminación racial o armas químicas y nucleares, o emisiones de gases de efecto invernadero, o cambio climático, o ni lo mande dios, la justicia–. Es como si un solo gesto hacia una rendición de cuentas internacional pudiera echar a perder toda la empresa.

Cerca de un año después de que oficialmente se dio el banderazo de salida de la Guerra Contra el en las ruinas de Afganistán, en un país tras otro, las libertades son reducidas en nombre de la protección a la libertad, las libertades civiles son suspendidas en nombre de la protección a la democracia. Todo tipo de disenso es definido como “terrorismo”. Se están aprobando toda clase de leyes para lidiar con él. Parece que Osama Bin Laden desapareció. Se dice que el mula Omar escapó en una motocicleta. (Podrían haber mandado a Tin–Tin tras él). Puede ser que el Talibán haya desaparecido, pero su espíritu y su sistema de justicia sumaria está emergiendo en los lugares menos esperados. En la India, en Pakistán, en Nigeria, en Estados Unidos, en todas las Repúblicas Centroasiáticas encabezadas por todo tipo de déspotas, y claro, en Afganistán bajo la Alianza del Norte apoyada por Estados Unidos.

El momento ha llegado

Mientras tanto, en el centro comercial hay una barata de mitad de temporada. Todo está en descuento –océanos, ríos, petróleo, bancos genéticos, avispas polinizadoras de higos, flores, infancia, fábricas de aluminio, compañías telefónicas, sabiduría, lo silvestre, derechos civiles, ecosistemas, aire– toda la evolución de 4 mil 600 millones de años. Está empacado, sellado, etiquetado, valuado, y listo en el anaquel. No se aceptan devoluciones. En cuanto a la justicia, me dicen que también está en oferta. Puedes obtener lo mejor que el dinero puede comprar.

Donald Rumsfeld dijo que su misión en la Guerra Contra el era convencer al mundo de que se debe permitir a los estadunidenses continuar con su estilo de vida. Cuando el enloquecido rey golpea el suelo, los esclavos tiemblan en sus cuarteles. Así que hoy, aquí parada, me es difícil decir esto, pero el “Estilo de Vida Estadunidense” (The American Way of Life) simplemente no se puede sostener. Porque no reconoce que hay un mundo más allá de Estados Unidos.

Afortunadamente, el poder tiene vida de estante. Cuando llegue el momento, quizá este poderoso imperio, como muchos otros antes de él, se rebasará a sí mismo y hará implosión desde dentro de sí mismo. Parece que ya comenzaron a aparecer grietas estructurales. Conforme la Guerra Contra el expande su red más y más lejos, el corazón empresarial de Estados Unidos sangra más y más. A pesar de toda la vacía habladuría sin fin sobre la democracia, hoy el mundo es gobernado por tres de las instituciones más sigilosas del mundo: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio; estas tres, a su vez, están das por Estados Unidos. Sus decisiones se toman en secreto. Las personas que las encabezan son designadas tras puertas cerradas. Nadie sabe realmente nada sobre ellos, sus políticas, sus creencias, sus intenciones. Nadie los eligió. Nadie dijo que podían tomar decisiones por nosotros. Un mundo gobernado por un puñado de banqueros y directores ejecutivos empresariales egoístas que nadie eligió seguramente no puede durar.

El comunismo estilo soviético fracasó, no porque fuese intrínsecamente malvado, sino porque tenía fallas. Permitía que demasiados pocos usurparan demasiado poder. El capitalismo de mercado del siglo veintiuno, estilo estadunidense, fallará debido a las mismas razones. Ambos son construcciones de la inteligencia humana, deshechos por la naturaleza humana.

El momento ha llegado, dijo la Morsa. Quizá las cosas empeoren y luego mejoren. Quizá haya una pequeña diosa allá arriba, en el cielo, alistándose para nosotros. Otro mundo no sólo es posible, ya está en camino. Quizá muchos de nosotros no estemos aquí para darle la bienvenida, pero en un día tranquilo, si escucho con atención, la oigo respirar.

(Traducción: Tania Molina Ramírez)
El texto se reproduce con autorización de la escritora.


###################################

Viernes, 12 de abril de 2002

EL HOMBRE "POST"


VICENTE VERDÚ


Lo más característico de la posmodernidad es que todo lo ve degradadamente post. Es fácil ahora ser actual si se piensa en un ámbito contiguo a lo más actual pero que desdice el presente con un plus de decadencia. En esa decadencia se encuentra el relente de su extraña novedad, y, desde la moda al , las nociones asumen un aire melancólico. Francis Fukuyama, el célebre japonés que copió de Hegel, como otros japoneses copiaron de la tecnología, la idea de fin de la historia, ha escrito un nuevo libro. Un libro en todo posmoderno.

Su obra El fin de la historia y el último hombre ha encontrado, en opinión del propio autor, un grave obstáculo para perdurar. Y el obstáculo sobreviene desde donde menos se esperaba. No de la filosofía, ni de la política o de la economía. Ni siquiera de otra postulación histórica. El tropiezo no es del orden de la civilización, sino de la misma naturaleza. Fukuyama, conservador por formación y tradición, constata que los nuevos avances de la genética y la farmacología son motivo bastante para temer una alteración de la naturaleza humana. Y si la naturaleza humana se altera, si el hombre se convierte en otra cosa, ¿cómo sentenciar su fin? ¿A qué o de humanidad se aplicaría la tesis del fin de la historia? ¿ A la humanidad previa a la clonación, la manipulación genética y los psicotropos de infinitas variedades o a toda la humanidad también posterior?

Para Fukuyama, la contemporánea pretensión de diseñar niños o clonarlos, cambiar conductas mediante neurofármacos o alargar la vida hasta límites sin experiencia afecta no ya a la existencia humana, sino a la naturaleza de la existencia. En los discursos del materialismo histórico, el marxismo se extasiaba ante los elementos que hacían perdurar en el hombre de ahora o en el del siglo I unas emociones semejantes. Nos estremecemos con las pasiones, los miedos o los celos de hace veinte siglos sin que las muchas peripecias de la especie los hayan borrado. La naturaleza humana parecía inalterable y la revolución se satisfacía únicamente con la lucha por perfeccionar su condición.

Ahora, no obstante, en Our Posthuman Future: Consequences of the Biotechnology Revolution, Fukuyama alerta respecto al ingreso en un espacio moral desconocido y probablemente fuera de control. Su temor a las consecuencias devastadoras le impulsan a demandar la intervención de los poderes públicos -él, que fue estandarte liberal- y a urgir una mayor reflexión ética sobre el futuro -él, que había clausurado el porvenir-.

¿Clausurado el porvenir? Ahora se evidencia que mientras la ciencia no llegue a su fin no habrá fin de nada de nada. Numerosos científicos han recogido en sus últimas obras los debates sobre el fin o no de la ciencia en el umbral del siglo XXI. ¿No queda nada ya fundamental por descubrir? ¿No habrá una nueva visión del mundo y su destino? ¿Seguiremos con la misma experiencia del tiempo, el espacio, la velocidad, el amor? La corriente que ha respondido positivamente sólo espera excrecencias que en adelante aparecerían completando ornamentalmente el conocimiento fundamental.

Fukuyama, sin embargo, considera 'poshumana' a la entidad científica y moral que se conforme a partir de las crecientes prácticas trastornadoras de la biotecnología. Fin, pues, del fin de aquella historia. Principio de una historia más allá de nuestra realidad. El argumento histórico continúa en los capítulos interpretados por nuevos protagonistas humanos nacidos -si Dios y el Estado no lo remedian- de la temeraria experimentación. La dignidad humana, los valores, la capacidad de juicio y la voluntad, el coro completo de las virtudes y vicios del alma lo contempla Fukuyama en trance de descomposición. Aproximadamente diez años después de haber fundado con plomo la tesis de 'el último hombre' llega la fundición. No para anunciar, como en los buenos tiempos, el resurgir luminoso de un hombre nuevo, sino de un ser que, de no evitarlo desde ahora, poseerá el rostro deletéreo de lo post.

###################################

foto3

EL MUNDO NO ES LO QUE DICEN LOS DIARIOS

foto4

EL DERRUMBE DEL CAPITALISMO


David Korten



¿EL DINERO O LA VIDA? ¿Cuál será el objeto de nuestra devoción?. ¿El principio organizador de nuestras instituciones gobernantes?. ¿El estándar con el que compararemos nuestros logros?. Este fue el tema real en juego cuando decenas de miles de personas de todas partes del mundo se reunieron en Seattle a finales de Noviembre del año 1999 para detener el asalto mortal contra la democracia, la humanidad y el planeta de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

A medida que la OMC defiende un nuevo orden mundial en el cual mande el dinero, la antigua separación política de izquierda y derecha esté dando lugar a una nueva diferencia política entre el dinero y la vida como la medida de nuestras vidas e instituciones. ¿Nos dedicaremos a desempeñar roles al servicio del dinero como consumidores y trabajadores en una economía global mandada por corporaciones multinacionales y especuladores financieros?. ¿O actuaremos como seres humanos íntegros, como ciudadanos del planeta Tierra, con el derecho y la responsabilidad de crear una sociedad planetaria gobernada por la gente para el beneficio de la totalidad de la vida?

El Capitalismo Global

La desigualdad y la injusticia no son productos ales del Capitalismo global; ellas son sus características definitorias. En un régimen capitalista, el dinero es abrazado como la medida de todos los valores. El máximo de ganancia para el capital financiero llega a ser la meta definitoria de la sociedad. La competición, el individualismo y el materialismo son nutridos como normas culturales favorecidas. Los precios de las reservas comerciales y el producto interno bruto (PIB) son las medidas aceptadas de progreso y bienestar. La inflación de los valores de la tierra y las reservas es animada, mientras que los salarios se mantienen constantes o se deprimen - creando así una desigualdad siempre creciente al incrementar la ventaja financiera de una pequeña élite en relación a los ingresos de la gente trabajadora.

El Capitalismo entrena y selecciona como sus líderes a aquellos imbuídos con una consciencia financiera altamente desarrollada - "piensen sólo en el dinero" le dice a sus lacayos. Su institución favorita es la corporación públicamente comerciada y de responsabilidad limitada, que concentra el poder en las manos de un ejecutivo corporativo jefe que le rinde cuentas a propietarios ausentes, quienes ellos mismos son protejidos de dar cuentas públicamente de las decisiones tomadas en su nombre. Al imponer a los directores y oficinistas corporativos una responsabilidad fiduciaria legal de maximizar las ganancias de corto plazo para sus accionistas, la estructura legal de las corporaciones las obliga virtualmente a imitar al cáncer que busca su propio crecimiento ilimitado sin consideración por las consecuencias ya sea para sí mismo o para su anfitrión.

Aunque el capital vivo (humano, social, institucional o natural) es la fuente fundamental de toda riqueza real, el capitalismo no le asigna valor y no hace contabilidad de su reducción. El poder máximo sobre tanto los gobiernos como las corporaciones reside en los mercados financieros globales en los cuales especuladores arriesgan con cientos de miles de millones de dólares en dinero prestado. La propiedad corporativa de los medios de comunicación y de los políticos vuelve a la democracia sin sentido a medida que las instituciones del dinero reescriben las leyes para liberarse a sí mismas de la regulación pœblica, las fronteras económicas y el control sobre su habilidad para eliminar la competencia a través de fusiones, adquisiciones y alianzas estratégicas.

Mientras tanto a la OMC, un cuerpo creado a instigación de las corporaciones más grandes del mundo para servir a sus intereses financieros, le ha sido dado el poder para desafiar las leyes locales y nacionales que entran en conflicto con la visión corporativa de las prioridades globales. A través de la OMC los más ricos y poderosos del mundo avanzan agresivamente la negociación y aplicación de acuerdos internacionales para poner la protección de derechos de propiedad por delante de la protección de los derechos humanos, para regular a los gobiernos para prohibirles regular a las corporaciones y a las finanzas globales, para remover las barreras a la propagación de la cultura de consumo homogenizada amiga de las corporaciones, para moldear a todos los países dentro de un o económico estandarizado del laissez-faire, para presionar a los gobiernos a privatizar los bienes y servicios públicos, para asegurarles a las corporaciones
globales acceso irrestricto a los recursos naturales, y para que se proporcionen garantías públicas a los inversores y especuladores privados.

La crecientemente precaria legitimidad de este defectuoso o económico yace en gran medida en dos falacias constantemente repetidas:

Falacia 1: El modo más justo y efectivo de terminar con la pobreza es expandir la torta económica a través del crecimiento económico, mejorando así el nivel de vida de todos.
REALIDAD: El crecimiento económico que experimentamos actualmente está destruyendo la riqueza viva real de la sociedad y el planeta, reduciendo así la torta de la riqueza real con el fín de generar ganancias financieras que van principalmente a los que ya son ricos.

Falacia 2: La victoria global del capitalismo es la victoria de la democracia y la economía de mercado.
REALIDAD: La democracia y las economías de mercado son exactamente lo que debiéramos estar buscando, porque ellas son la base de sociedades equitativas y auto-organizadas. El capitalismo es el enemigo mortal de ambas características. Por definición, diseño y en la práctica, el capitalismo es un sistema que concentra el poder económico en las manos de unos pocos excluyendo a la mayoría, creando la ilusión en aquellos que tienen el poder que es un motor para la prosperidad antes que un motor para la destrucción y redistribución hacia arriba.

UNA SOCIEDAD PLANETARIA

Consederemos la posibilidad de una sociedad planetaria en la cual la vida es la medida de valoración y la meta definitoria es asegurar la felicidad, el bienestar y la expresión creativa de todas las personas. El bienestar y el progreso serían evaluados sobre la base de índices que expresen la vitalidad, la diversidad y el potencial productivo del total del capital vivo de la sociedad (humano, social, institucional y natural). Estos índices serían monitoreados tan cuidadosamente como actualmente monitoreamos el PIB y los precios de las materias primas. Cualquier signo de declinación evocaría prontas acciones correctivas. Los líderes serían entrenados y seleccionados por su altamente desarrollada consciencia comunitaria y planetaria.

Los derechos humanos y la soberanía política residirían en las personas reales sobre la base de una persona un voto. La participación activa en asociaciones cívicas facilitaría la práctica de la democracia directa. El financiamiento público de las elecciones y el libre acceso a los medios de comunicación de los candidatos minimizaría el papel del dinero en las elecciones.

La vida económica se centraría en mercados bien regulados y auto-organizados que funcionarían dentro de una cultura fuertemente ética de cooperación y reponsabilidad mútua. Algunos llaman a esto "La Economía de Mercado Consciente". Las firmas serían a escala humana y de propiedad de reales inversionistas humanos, sus trabajadores, clientes, proveedores y miembros de la comunidad. Habrían muchas formas de empresas, incluyendo las de propiedad particular, las cooperativas, sociedades y corporaciones de propiedad de inversionistas, pero las alguna vez comunes corporaciones publicamente comercializadas y de reponsabilidad limitada que separaban la propiedad de la responsabilidad comunitaria ya no existirían.

El derecho de cada persona a tener los medios para la subsistencia sería considerado el más básico de los derechos humanos, un derecho asegurado en parte a través de la propiedad de una parte de los elementos importantes de los cuales depende la propia subsistencia. Las preocupaciones por la equidad y la responsabilidad pública serían los sellos distintivos de la vida económica.

El dinero sería el sirviente de la sociedad, no su amo, y sería usado solamente para facilitar la inversión productiva y el intercambio benéfico. Su creación sería una función pública. La especulación financiera sería fuertemente desanimada por la regulación y la política de impuestos. Las monedas locales serían comunes, como lo serían los bancos comunitarios y las uniones de créditos independientes. De ese modo, las finanzas serían predominantemente locales, como lo serían la mayoría de las empresas y la mayoría de la producción. Los países comerciarían su producción sobrante basados en sus dotes naturales comparativos.

La diversidad cultural sería altamente valorada, como lo sería la diversidad económica y la experimentación. Las economías locales y nacionales individuales variarían substancialmente en su mezcla de propiedad pública y privada y en el grado de su participación en un sistema de comercio planetario dependiendo de sus circunstancias y preferencias. La experiencia, la cultura la información y la tecnología serían libremente compartidas entre los personas, comunidades y naciones a través del viaje individual y la comunicación electrónica, facilitando así el rápido aprendizaje social hacia mejoramientos constantes en los niveles de vida reales y la calidad de vida de todos.

Cada comunidad o nación tendría el derecho de determinar qué y cuánto comerciarían, con quiénes y bajo qué circunstancias. Similarmente, éstas tendrían el derecho de decidir sobre los términos, si algunos, bajo los cuales éstas invitarían a otras a participar en sus economías a través de la inversión. Estos derechos, tanto como otros apropiados estándares para un sistema de comercio planetario equitativo y benéfico, serían asegurados por acuerdos internacionales implementados bajo la supervisión de las Naciones Unidas.

SÍ A REGLAS AL COMERCIO,
A LOS MERCADOS Y AL COMERCIO JUSTO.
NO AL LIBRE COMERCIO,
AL CAPITALISMO GLOBAL
Y A LA OMC.



El comercio justo y equilibrado que sirva a los intereses mutuos de las partes que comercian es bienvenido. Sin embargo, la sociedad planetaria tendría una preferencia natural por la producción local para fortalecer el control local y la seguridad económica, para incrementar la estabilidad y elasticidad de las relaciones económicas entre los países, y reducir los costos de transporte y el uso de energía. Otro punto de diferencia entre la sociedad planetaria y la economía global es que la primera tomaría seriamente los principios subyacentes de la teoría del mercado y el comercio, incluyendo el principio que dice que los mercados deben ser regulados para mantener las condiciones de la eficiente función del mercado. Esta entonces usaría medidas regulatorias y fiscales para mantener un equilibrio razonable en el comercio entre los países, asegurando que los costos totales sean internalizados por los productores y sean reflejados en los precios de venta (no habrían subsidios directos o escondidos ni prácticas competitivas injustas tales como el dumping), y manteniendo las finanzas y la propiedad predominantemente nacionales (limitándose los flujos financieros internacionales y la propiedad de extranjeros ausentes).

Brevemente, la sociedad planetaria tomaría en serio la negociación e implementación de las reglas de comercio e inversión basadas en los principios de mercado.

Pero, ¿No es esto de lo que trata la OMC?. ¿Qué pasa con los abogados del libre comercio que constantemente nos dicen que necesitamos la OMC para hacer reglas de mercado que inpidan guerras de comercio y protejan los intereses de las naciones pobres? La mayoría de los que hacen estas declaraciones están sólo produciendo cortinas de humo. Las reglas al comercio son anatema para los libre mercadistas, y la OMC, que fue creada por los libre mercadistas, no tiene como mandato regular el comercio internacional o la conducta de las corporaciones globales y los mercados financieros. Su mandato es verdaderamente lo opuesto: Impedir que los gobiernos locales y nacionales implementar cualquier regulación que restrinja el libre flujo del comercio y la inversión internacionales. El mandato real se evidencia en lo que la OMC realmente hace y en las propuestas que están ahora en el tapete. Por ejemplo, le ha dicho a Japón que su impuesto sobre el Whisky Bourbon que se produce en Estados Unidos es demasiado alto. Aparentemente, la OMC cree que el pueblo Japonés estaría mejor si bebiera más Bourbon Estadounidense. Ha Canadá se le dice que no puede protejer su cultura al poner impuestos sobre las revistas de USA. A India se le dice que no puede proporcionar a su pueblo drogas genéricas baratas porque "sería injusto" con las compañías de drogas extranjeras que lucran generosamente con productos de marca. A Estados Unidos se le dice que no puede escoger no-importar atún capturado con métodos dañinos para los delfines.

A los Europeos se les dice que no pueden dar preferencia de importación a plátanos producidos por pequeñas cooperativas bananeras localizadas en el Caribe. También se les dice que no pueden restringir la importación de carne tratada con hormonas del crecimiento o de productos alimenticios geneticamente modificados que imponen riesgos potenciales a la salud humana o ambiental hasta que proporcionen pruebas conclusivas que esos productos son dañinos. La OMC pone sobre sí misma la responsabilidad de determinar si a los Europeos, y a otros, se les permitirá poner marcas sobre tales productos y así dejar a los consumidores decidir por sí mismos.

Propuestas presentadas para su consideración en la conferencia de Seattle habrían impedido a los gobiernos actuar para favorecer a los inversores locales sobre los extranjeros (incluyendo los bancos, los medios de comunicación y los sectores de servicios), favorecer a las firmas locales en las adquicisiones públicas, preservar la seguridad alimentaria necional al proteger a los granjeros locales de la competencia extranjera, proteger los bosques y los recursos de agua de la explotación por parte de corporaciones extranjeras, o regular los movimientos especulativos del dinero internacional. Ellas habrían abierto el camino a la privatización de los servicios públicos tales como las escuelas y la salud pública. Mientras por ahora han sido retrasadas, estas propuestas están lejos de estar muertas y serán reintroducidas con seguridad en reuniones menos sujetas al escrutinio público y la protesta.

La OMC fue creada por orden de las corporaciones y financistas internacionales para impedir y aminorar las regulaciones al comercio, a las corporaciones o a las finanzas por parte de los gobiernos. Con respecto a la afirmación de que la OMC nos está salvando de guerras comerciales y protegiendo los intereses de los países pequeños en la economía global, el caso de las plátanos mencionado anteriormente es instructivo.

Estados Unidos decidió que la preferencia importadora de Europa por pequeños granjeros del Caribe era injusta para dos gigantescas corporaciones de agro-negocios Estadounidenses - Chiquita y Dole - que cultivan platanos en América Central, controlan la mitad del comercio mundial de plátanos y hacen grandes contribuciones políticas tanto al partido Democrático como al Republicano. Estados Unidos llevó el caso a la OMC, la que falló a favor de las corporaciones y puso así la subsistencia de alrededor de 200.000 granjeros en riesgo. Los Europeos se negaron a ceder y los USA, actuando según la decisión de la OMC, lanzaron una guerra de represalias comerciales al imponer masivas tarifas en cosas tales como los sweaters de cachemira y el queso Roqefort hechos en Europa. En una sola movida la OMC fallo contra la preferencia por los pobres y sancionó a favor de una guerra de represalias comerciales, revelando así que la supuesta preocupación de la OMC por las reglas comerciales, la prevención de guerras comerciales y el interés por los pobres no es más que humo y espejos.

AGENDA PARA EL SIGLO 21



Tenemos necesidad desesperada de un sistema de reglas para la economía global que invierta su rumbo destructivo y nos ponga en la senda hacia una
sociedad planetaria en la cual la vida sea el señor y el dinero el sirviente. Las protestas de Seattle pidieron una moratoria en las negociaciones sobre cualquie nuevo acuerdo de comercio, una revisión de las consecuencias de los acuerdos existentes y la reparación del daño que ya se ha hecho. Después de Seattle debemos confeccionar una agenda que sea tanto proactiva y comprensiva, y que apunte a crear una sociedad planetaria que funcione para todos.

Por ejemplo, necesitamos fuertes acuerdos internacionales que:

Regulen a las corporaciones y a las financias transnacionales para controlar duramente la especulación financiera, las actividades de lavado de dinero de los bancos transnacionales, el comercio de armas y drogas ilegales, la evasión de impuestos corporativa que usa los paraísos financieros de bancos extranjeros, la venta al extranjero de productos químicos y drogas prohibidos en los países nativos de las corporaciones y las practicas anti-competitivas tales como los carteles fijadores de precios.

Establezcan un fuerte régimen internacional anti-carteles (trusts) para invertir la tendencia hacia la concentración global del poder corporativo, especialmente en áreas sensitivas tales como los servicios bancarios, los medios de comunicación y los agro-negocios, y para mantener la competitividad en los mercados internacionales.

Exijan a las corporaciones globales adherir a los más altos niveles aceptados (standards), internacional y localmente, en lo referente a los derechos humanos, el trabajo, el ambiente, la salud y la seguridad, donde sea que ellas operen.

Monitoreen el comercio y las finanzas internacionales y faciliten las negociaciones hacia acuerdos de acción correctiva donde se encuentren desequilibrios consecuentes y persistentes.

Reduzcan las disparidades extremas en el uso de recursos per cápita y emisiones de CO2 entre países.

Eliminen los subsidios a las exportaciones distorsionadoras del mercado y al transporte internacional.

Organicen sanciones en casos donde un país entable un asalto económico sobre otro al verter productos a precios subtancialmente bajo los costos reales de producción (dumping), use tácticas intimidantes para forzar a un país a abrir sus mercados a productos que considere dañinos o innecesarios, o trastorne intencionalmente la economía de otro país al imponer unilateralmente un embargo económico no sancionado por la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Creen mecanismos para tratar tales temas como el problema de especies extra–invasivas como la cucaracha de cuerno largo Asiática, la amenaza a la seguridad alimentaria humana creada por el creciente nœmero de países en los cuales la agricultura interna ha sido socavada por las importaciones subsidiadas, las amenazas a la salud humana, ambiental y económica impuestas por la introducción imprudente de organismos geneticamente modificados en la provisión de alimentos y en el ambiente, el uso de trabajo infantil y de esclavos en la producción de exportaciones, y el abuso de la propiedad intelectual para sobrepreciar drogas benéficas y tecnologías y limitar su disponibilidad para la gente y los países pobres.


Estos no son sino unas pocas de las reales necesidades regulatorias de la economía global que son en la mayoría de los casos ignoradas o negadas por la OMC.

Si estas son las necesidades, entonces ¿Cuáles son los mecanismos?:

Aquí debemos enfrentar la mayor cuestión de a cual institución debería asignársele la responsabilidad del gobierno económico global. Algunos sugieren ampliar el mandato a la OMC, porque ésta tiene los medios y la auroridad para hacer cumplir sus órdenes. Esto parece altamente riesgoso, dado que la OMC no tiene conocimiento experto en tales áreas como el trabajo y el ambiente, está fuertemente dedicada a una agenda miope y grandemente destructiva que nos lleva aleja cada vez más de una sociedad planetaria, y es quizás la más no-democrática de todas las mayores instituciones internacionales. Las Naciones Unidas, con su mucho más amplio mandato y conocimiento experto y sus más abiertas estructuras democráticas, es una opción mucho más prometedora. Debemos ser claros también en que no tiene sentido tener dos instituciones gobernantes globales, la ONU y la OMC, con juridicciones traslapadas.

El mundo no tiene necesidad de una organización que proteja a las corporaciones globales de las regulaciones implementadas por gobiernos nacionales y locales democráticamente elegidos para protejer el bienestar de sus ciudaddanos. Por consiguiente, es tiempo de enfrentar el hecho de que crear a la Organización Mundial de Comercio fue un error y que es mejor desmantelarla. La responsabilidad de manejar las relaciones económicas globales reside correctamente en el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de las Naciones Unidas. El ECOSOC es ya responsable ante la Asamblea General de ejercer las funciones de las Naciones Unidas con respecto a materias económicas, sociales, culturales, educacionales, de salud y similares. A pesar de todas las evidentes deficiencias de las Naciones Unidas, será mucho más fácil construir la capacidad requerida y los procesos democráticos dentro de la existente estructura del ECOSOC que construirlos dentro del la de la OMC. Y aunque las corporaciones y la Cámara Internacional de Comercio se están moviendo agresivamente hacia establecer su presencia en las Naciones Unidas, será mucho más fácil bloquear su ataque sobre la integridad y la legitimidad de la ONU que purgar a la OMC de su ya profundamente arraigada influencia.

El camino hacia adelante hacia una sociedad planetaria será largo y difícil, pero la protesta en Seattle fue un esperanzador comienzo.

Artículo aparecido en la revista Inglesa Resurgence Nº 200 DE MAYO/JUNIO 2000. David Korten es el autor de "When Corporations Rule the World"-1995 (Cuando las Corporaciones Gobiernan al Mundo - Ed. Cuatro Vientos) y "The Post-Corporate World: Life After Capitalism"-1999.

#######################




  

 

separador4

EE.UU. y las armas del futuro


En la movilidad está la clave de la supremacía futura


Escribe el especialista en temas de defensa de la BBC, Jonathan Marcus

La nueva visión de las fuerzas armadas estadounidenses implicará la introducción de muchas tecnologías novedosas, pero también podría significar que varios programas favorecidos en estos momentos se tengan que suspender o cambiar de forma significativa.

Cada uno de los cuerpos armados tendrá que considerar detenida y seriamente qué va a hacer y con cuáles equipos podrá hacerlo.

Tanques Abrams

Desde hace mucho, el brazo de mayor pegada del ejército estadounidense ha sido su brigada de equipos blindados pesados, centrada en los tanques y en el apoyo de varios otros vehículos de tracción tipo oruga.

Aunque demostraron su importancia en la Guerra del Golfo, en 1991, se les considera demasiado voluminosos y anticuados para el nuevo entorno de seguridad.

Cañón autopropulsado "Crusader"

Los programas relacionados con equipos pesados como el cañón Autopropulsado "Crusader" podrían estar entre las primeras víctimas de los cortes presupuestarios de Bush.

Sin embargo, los partidarios del "Crusader" han organizado una gran campaña en su defensa, a través de artículos periodísticos y actividades de cabildeo en el Capitolio.

Vehículos de combate blindados y ligeros AFV y LAV-3

El ejército de EE.UU. ha hecho grandes inversiones en tratar de "digitalizar" sus fuerzas blindadas, lo que, sin dudas, ha mejorado su capacidad de ataque, pero ha tenido poco efecto sobre su movilidad.

El primer "Equipo de Combate Inicial de Brigada (IBCT)" se estableció en la costa atlántica de Estados Unidos, con vehículos blindados sobre ruedas de gran capacidad.

Algunos expertos plantean que el ejército debería dejar atrás las orugas y transformarse en una fuerza completamente sobre ruedas.

El "guerrero de tierra"

El programa "Land Warrior" ("Guerrero de tierra") tiene por objeto aprovechar los adelantos del procesamiento digital de imágenes y de los sistemas informáticos para beneficio individual del soldado de infantería.

El sistema es engorroso, pero funciona, y programas como éste parecen estar destinados a revolucionar el papel del soldado de infantería.

El aeroplano de rotores basculantes V-22

Los rotores basculantes del problemático Osprey han tenido varios es y han estado bajo la mira debido a acusaciones de que los resultados de sus pruebas fueron interpretados a conveniencia.

Se espera que este aparato, que despega como un helicóptero y vuela como un avión, transforme radicalmente la forma en que el Cuerpo de Infantería de Marina estadounidense se desplaza de los barcos a la costa y ofrece muchas ventajas sobre su única alternativa: nuevos helicópteros.

Sin embargo, sus potenciales beneficiados tendrán que conformarse con helicópteros, si se decide cancelar el programa del Osprey.

Caza F-22

El F-22 es el avión de combate "de primera clase" de la fuerza aérea estadounidense del futuro.

Sus características de baja observabilidad al radar y su capacidad de volar a velocidades supersónicas mayores que las del F-15 indican que estarían a la vanguardia en cualquier guerra aérea del porvenir.

La Fuerza Aérea de EE.UU. quiere comprar 339 cazas F-22, pero son muy costosos y quienes se oponen a la idea plantean que el país no puede darse el lujo de pagar por una "bala de plata" de esa naturaleza.

El cazabombardero "Joint Strike Fighter"

Las cosas se han complicado por otro importante programa -el avión monoplaza de función múltiple "Joint Strike Fighter"- que piensan adquirir la Fuerza Aérea, la Marina y el Cuerpo de Artillería de Marina de EE.UU., así como una serie de sus aliados, en especial el Reino Unido, que quiere incorporar la versión naval en sus futuros portaviones.

Los detractores del programa dicen que se deberían comprar menos F-22 o que uno de los programas debería cancelarse.

Debido al interés expresado fuera de EE.UU., será más difícil suspender un programa como éste, que incluye el tal vez mayor contrato de defensa de la historia y podría tener serias repercusiones sobre el empleo y el futuro de la industria de defensa en el país.

Bombardero B2 "Predador"

Cada vez más analistas plantean que EE.UU. tendrá que desarrollar equipos de mayor alcance pues las bases de la vanguardia son vulnerables a los mísiles del enemigo y algunos expertos dicen que la Fuerza Aérea debería adquirir más arderos de largo alcance como el B-2.

Se han realizado experimentos con vehículos aéreos no tripulados, que parecen destinados a desempeñar una mayor variedad de funciones en el futuro.

Portaviones de la clase Nimitz

Durante mucho tiempo, ha sido fundamental el papel de los portaviones y sus grupos de combate adjuntos en el poderío naval de Estados Unidos.

Sin embargo, sus críticos plantean que son vulnerables, que la clase del gigante Nimitz debe ser más pequeña y que se requieren menos grupos de combate.

Podrían reducirse de 12 a 10, a lo que la Marina se opondrá tenazmente.

Destructor DD-21

El futuro del poderío naval está en embarcaciones como el propuesto destructor DD-21.

Las naves de guerra del mañana enfatizarán la reduccción de los costos operativos sin afectar la capacidad de combate.

Podrán ser propulsadas por energía eléctrica y tener tripulaciones mucho menores que las de las embarcaciones de hoy en día. (25 de mayo de 2001)

###########################################

Enero 19, 2004

Mumbai: No más concesiones a la OMC




La crisis de la OMC, la apropiación de las transnacionales de recursos vitales como el agua, y la propuesta de reformar la Organización de Naciones Unidas y otras instituciones internacionales fueron algunos de los temas que se abordaron en los paneles efectuados en el marco de la IV edición del Foro Social Mundial que se desarrolla en Mumbai, India.

No bajar la guardia frente a la OMC


La situación de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y su relación con la injusticia social y la "globalización de la miseria" en los países en desarrollo, se abordaron en el panel dedicado específicamente a este organismo.

El profesor filipino y especialista en cuestiones de la OMC, Walden Bello, señaló que la OMC ha provocado una mayor concentración de medios y recursos financieros. "Su crisis actual refleja una crisis mayor del propio proceso de globalización. Cancún fue la brecha donde se pudo ver, nítidamente, la victoria de la presión de la sociedad civil y de los países en desarrollo contra la expansión de las áreas de actuación de la OMC", dijo Bello, agregando, que no se puede bajar la guardia y que en este momento es preciso movilizarse y reforzar las articulaciones con algunos gobiernos para que no se hagan más concesiones a la OMC.

Por su lado, la hindú Vandana Shiva denunció las graves consecuencias de los acuerdos de la OMC y particularmente del Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio sobre la India. Con una fuerte presencia de las transnacionales, este país, según Shiva, remite de ganancia cerca de 35 billones de dólares por año a los países desarrollados. Todo esto, a costa de la miseria que impera en los campos y en las ciudades indias.

Tierra, agua y soberanía alimentaria


Representantes de movimientos sociales manifestaron su seria preocupación por el mal aprovechamiento de los recursos naturales del planeta así como por la indiferencia de las políticas públicas, durante el panel "Tierra, agua y soberanía alimentaria".

El panel fue abierto con una presentación musical formado por integrantes de Vía Campesina, quienes llevaban una tela con la inscripción: "Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza". A continuación tomó la palabra el hondureño Rafael Alegría, representante de Vía Campesina, quien mostró su indignación por la apropiación del agua por las grandes empresas transnacionales y señaló que a lo largo de este año se van a emprender jornadas de lucha contra la Nestlé, la Coca Cola y otras corporaciones. Cabe anotar que actualmente 1.110 millones de personas carecen de agua potable, cada día mueren 15.000 niños/as por causas relacionadas con la contaminación del agua y 2400 millones de personas no tienen baño.

Uno de los oradores mas aplaudidos fue el dirigente campesino francés José Bove quien criticó duramente las políticas agrícolas que privilegian los intereses de las grandes transnacionales y demandó que la OMC se abstenga de tratar los temas relativos a la agricultura. "Desde que China entró a la OMC, más de 100 millones de productores campesinos se vieron obligados a dejar de producir. En la India sucede lo mismo", agregó.

Etelvina Massioli, del Movimiento Sin Tierra de Brasil, manifestó que la distribución de tierras, por sí sola, no es suficiente para garantizar una mejor calidad de vida para los campesinos/as. Es necesario construir un nuevo o de producción agrícola y una nueva forma de organización social de la población que vive en el medio rural. Etelvina considera que solo la soberanía alimentaria, es decir el principio de que cada pueblo, en su espacio específico, sea capaz de producir los alimentos que consume, llevará a la independencia de los pueblos y al manejo de sus propios destinos.

El director del panel, Devinder Sharma, dijo, por su lado, que "cuando se importa alimentos a bajo precio, se importa también desempleo", recordando que es evidente que millones de campesinos/as indios no podrán resistir frente a los precios impuestos por un puñado de transnacionales agro- alimentarias.

La "gobernanza global"

La necesidad de reformar los procesos "gobernanza" global principalmente a través de la aplicación práctica de una agenda de derechos humanos que ya existe, destacó Mary Robinson, ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en el panel "Globalización, gobernanza global y Estado-nación".

El chileno Juan Somavía, director general de la Organización Internacional del Trabajo, coincidió con Robinson y reconoció el fracaso de las Organización de Naciones Unidas (ONU) en la lucha contra un orden social injusto. Manifestó que se deben "adoptar cambios dentro de los organismos internacionales para que sean más transparentes en sus decisiones".

La ex ministra de Cultura de Malí, Aminata Traore, inició su intervención con una pregunta clave: ¿gobernanza de quién y para quién? Recordó que las instituciones que se pretende reformar -como el Banco Mundial y el FMI- devastaron a los países africanos y también quisieron imponer su concepto de democracia formal en la que "no tenemos libertad para decidir qué política queremos. Nuestros países quieren otro tipo de gobernanza. Queremos ética política, que se respete a las personas y los recursos naturales. Por eso, son necesarios cambios estructurales, porque, hoy, en África, quien paga, manda", aseveró.

(Con información de RITS, Le Courrier de Ginebra)

#########################

 

Esta página fue diseñada utilizando MiWeb Avanzado 2.7 de UOL Sinectis.