Citas del libro:   "¡Buen provecho! — El lado indigesto de la alimentación sana"

7. Dietas - Comiendo con frustración


    Dietas sin fin: tras la dieta de Hollywood, la de los puntos, la de Atkins y la de Max Planck, ahora despunta la era de las dietas para adelgazar individuales, hechas a medida. En una revista hay 15 variantes distintas al mismo tiempo, desde la dieta de las vitaminas, pasando por la dieta astronómica y la del bienestar, hasta la dieta inmunológica. Los lectores tienen la sensación de encontrar una forma de alimentación especial, adaptada a sus necesidades personales. Bajar de peso parece ser más bien un efecto secundario. Además, las "nuevas" dietas dan la impresión de ser sanas, pues son "balanceadas" y están compuestas según los últimos conocimientos de la ciencia de la alimentación.
    Por otro lado, es evidente que ya se corrió la voz hasta en las redacciones de las revistas femeninas: las dietas no son sanas. Pueden engordar, enfermar y causar desdicha.792  Pero quien haya creído que iban a desaparecer de las revistas, se equivoca. Siguen siendo el éxito de ventas: los ejemplares con las dietas son los que más se venden, los que logran las mayores tiradas. La clientela es "esclava de las dietas", aún sigue siéndolo, y quizás cada vez más, y después de las mujeres, ahora también los "señores de la creación". Sería interesante ver qué pasaría si de un día para otro simplemente se dejaran de imprimir planes dietéticos.



El "peso ideal" - un camino a la enfermedad

    Un desencadenante importante de nuestro actual dilema de las dietas fue la introducción del "peso ideal". A principios del siglo XX, compañías estadounidenses de seguros de vida ya habían publicado informes de los cuales se desprendía que los hombres muy gordos morían antes que otros. En las tablas de la Metropolitan Life Insurance Company del año 1943 aparece por primera vez el concepto de "peso ideal", al que en 1959 se le cambió el nombre por el de "peso deseable".79, 83  Supuestamente, este peso estaba ligado a la expectativa de vida máxima. "Es evidente que aquí los verdaderos móviles de la investigación fueron intereses financieros y no medicinales", opina la médica Sabine zu Nieden. "Pues como el peso ideal, que casi nadie alcanza, conllevaría la máxima expectativa de vida, del supuesto exceso de peso se concluye un mayor riesgo de muerte. Traducido a dólares: una póliza de seguros más elevada. Es así de fácil." 82
    Cuando después de la guerra los alemanes subían de peso cada vez más, surgieron las primeras campañas informativas para combatir el exceso de peso. Entonces este lucrativo "peso ideal" de los folletos publicitarios de la industria de seguros estadounidense también se propagó en Alemania. No tardó en ser adoptado por los médicos alemanes y predicado como el peso sagrado. Tener un peso corporal medio ya no era suficientemente bueno, ser super flaco se había convertido en norma nacional. Como aproximadamente sólo uno de cada diez cuadraba en esta norma, de pronto la mayoría de la población estuvo enferma o, por lo menos, amenazada de enfermedad y muerte temprana. La gran masa de la población se convirtió en "destinatarios potenciales de medidas de prevención sociomedicinales" 79  o - para expresarlo más plásticamente - en un regalo del cielo para médicos, asesores dietistas y fabricantes de productos milagrosos.

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    En esencia, toda la "propaganda del peso ideal" se basa en un error en la lógica: de la observación de que algunas personas delgadas viven más tiempo se sacó la conclusión de que los gordos deben bajar de peso para llegar a viejos. Una comparación algo exagerada muestra lo absurdo de esta conclusión: los perros galgos son muy flacos y corren muy rápido. Los doguillos son gordos y corren despacio. Ninguna persona que esté en sus cabales concluiría por ello que los doguillos tendrían que bajar de peso para ganar carreras en lo sucesivo. Está claro que un doguillo medio muerto de hambre no va a derrotar a un galgo.



Edulcorantes - un probado agente de engorde

    De tanta grasa-light casi habríamos hecho la vista gorda a las clásicas "azúcares-light", los edulcorantes. Con consecuente malicia, por la prensa rondan informaciones contradictorias acerca de sus ventajas para "ahorrar calorías". Aunque en realidad no hace falta exponer más razones de que, como adelgazantes, también los edulcorantes son de un valor más bien dudoso. Una investigación sobre 80.000 norteamericanas dio por resultado que las consumidoras de edulcorantes habían aumentado más de peso a lo largo del año que aquéllas que no utilizaban ningún edulcorante.410  Y no deja de ser interesante el hecho de que el consumo de azúcar no disminuyó con la difusión de los edulcorantes, sino que aumentó.18  
    Usted ya conoce un motivo del fracaso de los edulcorantes: el ponderostato. Pero en el caso de los edulcorantes entra en juego otro efecto, a saber, un reflejo de nuestro cuerpo. ¡Quien toma edulcorantes artificiales hasta puede avivar su apetito! Lo que quizás pudiera asombrar a los contadores de calorías, hace mucho que es algo muy natural en la cría de animales: allí los edulcorantes se utilizan como agentes de engorde. La sacarina se encuentra en la reglamentación (alemana) de alimentos para animales bajo la rúbrica de "sustancias estimulantes del apetito".421  Un fabricante hace publicidad diciendo que su producto es el primero de una nueva generación de edulcorantes altamente intensivos que estimula "la ingestión diaria de comida en lechones y cerdos jóvenes" e incluso "en cerdas inapetentes".624