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PRÓLOGO
La minificción es un género literario que se desarrolló profusamente en las últimas décadas, sobre todo en Hispanoamérica, donde este fenómeno parece haberse anticipado. El modernismo ya había producido piezas breves que pueden considerarse antecedentes del microcuento, pero recién promediando el siglo XX comenzaron a aparecer en libros y periódicos latinoamericanos narraciones brevísimas con la estructura y el elemento irónico típicos del género. Se pueden citar las de Julio Torri, las de Borges, las de Monterroso y, redescubiertas recientemente, las atribuidas a Gabriel García Márquez, que aparecieron en la columna "Día a día" de El Espectador de Bogotá. Ejemplos de estas últimas son.
UN ACONTECIMIENTO GRANDE
Wilhelm y Melitta tal vez no tengan nombres de enanos, pero lo son. Y además de enanos son marido y mujer, desde hace 25 años. Ayer, para celebrar sus bodas de plata, Wilhelm se vistió de chaqué y chistera y Melitta de traje largo y velo. Parecían exactamente lo que eran: dos enanos vestidos de novios para celebrar sus 25 años de vida conyugal.
Cuando penetraron a la inmensa catedral de St. Stephan, en Viena, había una tremenda multitud de dos mil colosos, congregada para ver a los enanos. Dos mil monstruos gigantescos en uno de los retablos más grandes del mundo. Era un mundo de monstruos: desproporcionados policías montando guardia en la puerta, enormes corceles blancos, afuera, uncidos a media docena de calesas inmensas y una doble fila de dos mil gigantes, viendo pasar a Wilhelm y Melitta, las dos únicas personas normales en aquella vertiginosa pesadilla.
El Espectador
, 6 de abril de 1954.
DUELO APÓCRIFO
Los corresponsales de prensa coinciden en la apreciación de que el profesor Roberto Agramonte no parece un duelista. Sus parsimoniosos modales de hombre más hábil en los oficios de las letras que en los de las armas, experto en las pacíficas y constructivas disciplinas de la mente, no permiten descubrir que debajo de su vestimenta científica va escondido un guerrero.
La primera condición para participar en un duelo, y para que el público lo tome en serio, es tener suficiente aspecto de duelista como para que los demás se sientan, ellos también, en el siglo XIX. No basta con llevar en el bolsillo un estuche con dos pistolas y estar dispuesto a hacer uso de ellas en el instante oportuno. Hay que llevar consigo el ambiente, la facultad de convencer a los espectadores de que se está en capacidad de afrontar a sangre fría no tanto al adversario como al anacronismo. Sin embargo, el profesor Roberto Agramonte, como su nombre lo indica, es un aprendiz de duelista que ha atravesado el golfo de México, desde La Habana, con el exclusivo propósito de batirse con Aureliano Arango, un exiliado cubano de cuyo aspecto no han dicho nada los corresponsales. Pero es posible que tampoco éste tenga su indispensable aspecto finisecular, de manera que llegada la hora se llevará a cabo el duelo y uno de los adversarios quedará tendido en el terreno sin que nadie esté dispuesto a dar crédito a la dramática acción.
El Espectador
, 20 de julio de 1954.
Pueden encontrarse minificciones muy antiguas en otros continentes y otras lenguas, pero la proliferación de ejemplos y autores se inició en nuestros países y se extendió luego a otras geografías· . Hoy la minificción se expande en sociedades culturalmente tan disímiles con las latinoamericanas como las de Japón y Corea; sendos artículos del dossier sobre esta forma narrativa que incluye el número de febrero de 2002 de la revista española Quimera así lo atestigua.
Precisamente esa precedencia hispanoamericana en el auge de la minificción es lo que muestran Ekuóreo y sus sucedáneas: Eureko y A la topa tolondra (expresión que equivale a nuestro "a lo que salga" o "al azar"). De Ekuóreo aparecieron 30 números, de Eureko 9, y de A la topa tolondra,12. Las dos primeras se editaron en Cali en la década del 80, la última en la ciudad de Tunja. De las tres he tomado minificciones para esta antología. Sus autores son: Manuel Mejía Vallejo, quien participa con un microcuento que alcanza para mostrar la notable calidad de su escritura; Gonzalo Arango, fundador del "nadaismo", cuya minificción es un certero recorte de una obra mayor; el venerado Héctor Rojas Herazo, compañero de García Márquez en sus inicios periodísticos cartageneros, que demuestra en pocas líneas su agudeza de narrador y humorista; y los también colombianos: Fanny Buitrago, Nicolás Suescún, Juancarlos Moyano Ortíz, Gabriel Alzate y los dos directores de la publicación, Guillermo Bustamante, y Harold Kremer. También tomé de estas revistas una bella minificción del mexicano José Emilio Pacheco y otra, muy divertida, del Nobel español Camilo José Cela.
Otros 13 microcuentistas españoles antologados cubren prácticamente todo el siglo xx,. comenzando por Juan Ramón Jiménez (1881-1958) hasta los nacidos en la década del 60. Participa Ramón Gómez de la Serna con dos brevedades en las que destacan lo paradójico y lo fantástico; hay un hermoso recorte de un poema de Luis Cernuda, está el catalán Pere Calders con tres minificciones en las que se combinan el absurdo y el humor, Esteban Padrós de Palacios que cuenta con brevísima eficacia una situación límite, Fernando Arrabal y el avasallador poder de sus situaciones equívocamente absurdas, y Rafael Pérez Estrada con dos microcuentos pertenecientes al período final de su producción en el que se inclinó por las formas narrativas breves. Pero la máxima condensación se encontrará en Luis Mateo Díez y Luis Landero. Los ejemplos de estos dos autores pueden tomarse como canónicos del género. En Luis Mateo Díez destaca la inexpugnable perfección narrativa; certero sin excepciones y con un aliento poético que asegura la emoción, sus minificciones resultan inolvidables. Luis Landero ostenta un raro virtuosismo: como en algunos haiku, en los que el último verso totaliza lo expresado por los anteriores con un método que rehúye la lógica y afirma la poesía, en las minificciones de Luis Landero la relación entre la última línea y las precedentes supone una elipsis abismal de encadenamientos lógicos. Sin embargo, siempre es posible saltar ese abismo con vértigo y placer. El nombre de uno de sus personajes, Faroni, sirvió a Landero de pseudónimo para firmar sus piezas brevísimas, y a los adictos españoles al microrrelato para denominar su asociación: el Círculo Cultural Faroni. Los tres microrrelatos de José María Merino muestran su enorme capacidad para inventar situaciones y crear climas. El titulado Lejanías es, al menos para mí, uno de los más conmovedores de esta selección. Restan José Jiménez Lozano, que pivotea siempre entre lo realista y lo fantástico, entre el poema y la narración; Gustavo Martín Garzo, capaz de expresar denso erotismo en pocas y personalísimas líneas; y Julia Otxoa, que participa con una minificción circular en la que reescribe irónicamente una historia clásica.
El resto de las minificciones incluidas provienen de fuentes individuales que se indican a pie de página. Están Carlos Fuentes, César Vallejo, Octavio Paz, Carlos Drummond de Andrade y Pablo Neruda a quienes, por suficientemente conocidos, me excuso de presentar. El colombiano Älvaro Mutis, participa con tres poéticas historias que remiten a su tierra natal y Guillermo Samperio, mexicano, expresa el deseo masculino por la mujer con lujo de técnica e imaginación. Un nombre casi secreto, el de Pablo Palacio, representa a Ecuador. Palacio fue un renovador de la literatura latinoamericana, cuyo triste mundo personal, oscuro y torturado, se refleja en su obra y terminó sumiéndolo en la locura. Argentino de proyección internacional, Héctor G. Oesterheld, figura capital de la historieta desaparecida durante la última dictadura militar, participa con cuatro microcuentos de fantaciencia. Otro argentino, imprescindible cuando se habla de nuestra literatura policial, Adolfo Pérez Zelaschi, cuenta con humor una historia que ironiza sobre la verdad de la Historia.
Los autores extranjeros no nombrados más arriba cuyas minificciones propongo a los lectores son: Mariela Álvarez y Wilfredo Machado (Venezuela), Andrea Maturana y Poli Délano (Chile), Guillermo Prieto (Cuba), Nana Rodríguez Romero yTriunfo Arciniegas (Colombia), Marta Cerda, Armando Páez y Lauro Zavala (Mexico) y Marcio Veloz Maggiolo (República Dominicana).
Los autores argentinos representados que han dedicado alguno de sus libros enteramente a la ficción brevísima son: Eduardo Berti, Marcelo Birmajer, Alejandro Martino, Debora Vázquez y Gustavo Zappa. Las minificciones de Juan Carlos García Reig, Andrés Neuman y Pablo Urbanyi las he encontrado intercaladas en sus libros de relatos, y las de Juan Romagnoli en El Cuento, señera y muy prestigiosa revista mexicana, que difunde la minificción desde hace más de cincuenta años. Por último, quiero agradecer a los destacados escritores Jorge Accame y Guillermo Martínez, que me hayan permitido publicar sus microrrelatos inéditos en esta antología.
Dos veces bueno 3 ha preferido nutrirse de microcuentistas no incluidos en sus dos antecesoras. Bien sé que, por razones de espacio y porque he preferido un criterio de selección hedónico antes que un relevamiento sistemático, los tres volúmenes no agotan la nómina de autores disponibles, ni siquiera la de autores argentinos. Me resigno a ello convencido de la irremediable arbitrariedad de las antologías y de que el afán totalizador está condenado al fracaso. En los prólogos de esos dos trabajos anteriores dije que "la cofradía del cuento brevísimo no cesa de reclutar nuevos cómplices". Dos veces bueno 3 corrobora y reitera esa afirmación.
Raúl Brasca